Paisajes urbanos al ritmo de la danza 07/11/2012 | helenecastot
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HELENE CASTOT

Una vez más, en esta 19ª edición del mes de la Danza que tiene lugar en Sevilla, los “espacios singulares” de la ciudad se han transformado en un escenario privilegiado para algunas propuestas artísticas que han ido indagando en la interacción entre espacio y movimiento.

En el Metropol Parasol, así que dentro de la estación de metro de la Puerta Jerez, el Proyecto D Ruses (Zaragoza), compuesto por Jordi Vilaseca y Toño Monzón, presentó “Citeaux”, con la participación de Mickael Marso, de la Cie. Decalage, una pieza inspirada por el monasterio de Rueda y la influencia que tuvo en ese lugar la medieval y austera orden del Císter. Los bailarines se caracterizaron por su destreza y su limpieza en el movimiento, creando unas lineas puras en una atmósfera casi religiosa.

En la popular Alameda de Hércules, el divertido “Por casualidad” de los flamencos sevillanos Chloé Brûlé y Marco Vargas se inscribió en la línea de sus trabajos anteriores, ofreciendo un movido e interactivo juego de a dos sobre el tema de los encuentros efímeros, que se tiñó de dramatismo al final gracias a la especial participación del cantaor Juan José Amador.

La calle, una vez más cerca de las modernas “setas” del Metropol Parasol, también se ofreció como un laboratorio para jóvenes artistas, en este caso los del Equipo Rombo (Sevilla), dentro del programa de creaciones en proceso del Mes de Danza cuyo objetivo es apoyar a los coreógrafos andaluces ofreciéndoles tiempo y condiciones para crear y presentar sus obras. En la línea del lema del festival de este año, “Danza en la retina”, Raquel Luque, Eloisa Cantón, Celia Romero, Gonzalo Martín y Ellavled Alcano Bruzual mezclan danza, poesía  música y plástica en una obra erótica, provocativa y, todavía, con aspecto de borrador.

Otro lugar singular de la ciudad fue el oscuro garaje de la calle Baños donde el joven sevillano Álvaro Frutos presentó “Bengala”. Las luces encendidas de un coche fueron el único foco que iluminó esta búsqueda inquieta del límite del cuerpo, entre sombra y luz, tan corta como un fuego artificial.

Lugares singulares para recordar que, aún en tiempos difíciles, siempre se puede encontrar un espacio de libertad para la diversidad de expresión.