Balcánicos, volcánicos. 09/11/2011 | Omar Khan

Una trilogía balcánica desveló anoche un trocito de su danza. El macedonio Kire Miladinoski, con una drag queen patética, y el rumano Pual Dunca, en atlética sátira, trajeron al Mes de Danza humor balcánico.

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De Los Balcanes sabemos, principalmente, de sus cruentas guerras que han dividido unos países que han cambiado sus nombres hasta una configuración que desde aquí, suena de lo más confusa. Algo hemos oído del Bósforo y del Danubio, aunque muchos melómanos sigan creyendo que de verdad es azul. Mucho de Grecia, eso sí, especialmente estos últimos días. Estaba la súper atleta Nadia Comaneci, allá por Rumania, y por Serbia el cineasta Emir Kusturika, el que nos propinó Underground. Poco más. De su danza habría que admitir que casi nada. Hasta anoche en el Teatro La Fundición. El Mes de Danza de Sevilla se asomó (y nos asomó) a una minúscula partícula de lo que los coreógrafos hacen por allá, con una curiosa trilogía balcánica, y, sorpresa, nos produjo risa. No la risa burlona sino la carcajada espontánea que viene del ingenio y la ocurrencia. Porque ingeniosa y ocurrente, aunque también dolorosa y retorcida, es esa drag queen que con extraño sentido del humor encarna Kire Miladinoski, del Dance Studio Zodijak, de Macedonia. Su solo Bug’s cuenta una historia ya contada. La de las dificultades y tormentos de una drag queen que quiere que la quieran. En lo que respecta al fondo, todo conocido, todo convencional, incluso obvio con esa narración en off tan ilustrativa como innecesaria. El acierto viene en la forma. Miladinoski, un bailarín atípico de movimientos precisos en un cuerpo negado para la danza, renuncia a los clichés y convenciones de la drag queen al uso para decantarse por un patetismo grotesco, que desarma. Se cubre de barro asqueroso y sobre esa suciedad se maquilla para, de inmediato, aparecer transformado en una Priscilla de trapillo, decadente y sin glamour, que se carcajea guasona, probablemente de todos nosotros, espectadores entre asombrados y desconcertados.

 

Deliciosamente atléticos

Pero si Miladinoski es Priscilla, no cabe duda de que el rumano Paul Dunca es la mismísima Nadia Comaneci en esa desternillante sátira olímpica que es Fuimos con estos cuerpos tan lejos como pudimos. La premisa de arranque es tan intrigante como el título. Un estudio demostró que las atletas de élite se hacían más resistentes después del embarazo, lo que empujó a algunas a quedarse embarazadas y conseguir mejorar sus condiciones físicas tras el aborto. A partir de esta perversa idea, Dunca, acompañado por dos bailarines, se desmadra en una coreografía muy cercana al teatro físico, y quizá con demasiado texto, en la que se pasea por todos los clichés, manías, frivolidades, estupideces, excesos y desmesuradas ambiciones de los atletas. Sin parar de hacer poses, ejercicios y rutinas ni un segundo, el trío va desgranando los tics de un mundo de gente superficial nacida para triunfar y ganar la de oro. No es fácil atinar con el humor de carcajada en la danza. Hay que tener valor, ciertamente, pero qué duda cabe hay que tener también gracia o aquello se desmorona. Y gracia le sobra a este equipo rumano, especialmente al mismo Dunca, que es un sorpresivo ramillete de gestos y sabe desdibujarse hasta la caricatura en las viñetas de su coreografía, literalmente atlética, que trae un tono intencionadamente retro y guiños a los shows más casposos de la televisión de los setenta.

Entre medias, un intenso momento con la vídeocreación Sin contenido, de los también rumanos Ion Dumitrisec y Eduard Gabia, que casi desde la austeridad más absoluta reflexionan en forma de plácida metáfora acerca del estado de las cosas en la danza rumana. Un edificio en construcción, apenas un esqueleto, un proyecto de bloque, es poblado lentamente por un buen número de bailarines sin más recursos que sus cuerpos para habitarlo. Visto desde todos los ángulos, el edificio luce igual, y sus ocupantes deambulan sin comunicarse. No hay apenas sonido. Luce desolador. Probablemente lo que nos quieren decir sea que aún queda mucho por construir en su arte. Pero algo es importante. Las bases son sólidas, los cimientos de este edificio están echados. Lo demostraron ellos mismos con su vídeo. Y también Miladinoski con su drag queen, y Paul Dunca con su humor ácido de atletas estereotipados y falsos. Queda todavía en este Mes de Danza otra voz balcánica, la de los griegos de Oktana Danza Teatro, en el Teatro Central los próximos 16 y 17 de noviembre, donde desnudarán cuerpos y almas en Dressed Undressed.