Lugares para la devoción (en Sevilla). Autor: Omar Khan 01/11/2011 | Omar Khan

La consigna es usualmente gritada con furia por los activistas verdes. Salvemos el planeta. Y parte de ese grito, ciertamente, está en la silenciosa y ritual propuesta De lo natural, que Víctor Zambrana, coreógrafo sevillano anclado en Cataluña, creó específicamente para la inauguración del Mes de Danza el pasado fin de semana.

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Indisociable de los generosos espacios del Monasterio de la Cartuja, la propuesta “Del estado natural” fue desplegada en dos momentos -la noche del viernes 28 y la mañana del sábado 30 de octubre-, y adolecía de la obviedad y adrenalina de una protesta verde desviando la mirada hacia una reflexión más profunda, que con inteligencia hacía propios la solemnidad y recogimiento del espacio, colocándolos al servicio de una idea en la que hombre y árbol tienen idéntico protagonismo. La iglesia del monasterio, rociada con hojas de otoño, fue perfecto marco para iniciar este ritual con emocionante ambientación sonora de Miguel Marín, con intérpretes en directo. Un ritual místico, una pieza de atmósfera y recogimiento, en la que el movimiento lento y concentrado de los bailarines marcaban el ritmo ceremonial. A la mañana siguiente, los mismos personajes ésta vez de manera individual ocuparon los cinco patios consecutivos del monasterio, que alguna vez sirvieron como lugar de reflexión y oración para los cartujos. Una instalación viva en la que cada intérprete establecía comunicación directa con un árbol y parecía completar el ciclo iniciado la noche anterior en la iglesia, en un viaje espacio-temporal para todos, espectadores e intérpretes.

Otros espacios singulares

En contraste radical con el silencio y recogimiento del Monasterio, la bulliciosa Alameda de Hércules, siempre abarrotada de paseantes, se convirtió en otro lugar para los devotos de la danza y ésta vez fueron los chicos de la compañía Ertza los que convirtieron un trocito de Alameda en tierra vasca. Yo nací mañana, de Asier Zabaleta, es una búsqueda singular que hurga en la tradición, riquísima, de las danzas tradicionales vascas, y las funde en la de una nueva danza contemporánea, intentando –con éxito- establecer un contrapunto que abre la posibilidad de mirar el ayer con ojos de mañana. Y un poco más allá de la Alameda, bajo el modernísimo paraguas del Metrosol, fue el tándem conformado por Elías Aguirre y Manuel Rodríguez el que consiguió arrancar carcajadas a una audiencia dispuesta y numerosa con su delirante Escuálido marsupial, dueto armado a partir de los gags del cine mudo, con el que fueron premiados en el Certamen Coreográfico de Madrid.

Y en una sala del Centro Santa Clara, otro espacio desvelado, fue el creador israelí Arkadi Zaides el que regresó al Mes de Danza a un tono intimista, el de la búsqueda de la paz interior en su propuesta Solo siento. Con una gestualidad visceral, muy propia de la nueva danza israelí, el bailarín y su sombra, un invitado que hace dueto con el intérprete, exorcizaron las turbulencias de la vida y cuando caen exhaustos, es entonces un vídeo de Shira Miasnik el que da continuidad a esta propuesta íntima, que convierte el espacio en confesionario.

La primera jornada del Mes de Danza como siempre dedicada a la danza en espacios singulares trajo pues a la ciudad nuevas danzas, nuevos intérpretes, místicas propuestas y momentos de goce y risa, pero como es ya característico, desveló también desconocidos espacios para la devoción. Le quedan todavía muchas jornadas de sala pero ya sembró emociones en sus seguidores con este ecléctico arranque urbanita, que se balanceaba con destreza de equilibrista entre lo místico, lo tradicional, lo visceral y lo divertido.