La revolución de las margaritas 02/11/2013 | Comunicación Mes de Danza

Omar Khan, co-fundador y director de la prestigiosa revista de danza susyQ, escribe para MES DE DANZA una reseña del acto inaugural de esta edición, “20 AÑOS. MUCHOS PASOS”, que celebró dos décadas de artes del movimiento en la ciudad con una marcha bailada en el espacio Metropol Parasol de la Plaza de la Encarnación, el pasado viernes 1 de noviembre a las 13h.

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Flores amarillas para el público. Camisetas amarillas para la celebración aniversario. Fantástico diseño de iluminación cortesía de un amarillo sol en un cielo sevillano insólitamente despejado para ser ya noviembre. El amarillo dominó ayer esta revolución de las margaritas en Metropol Parasol encabezada por medio centenar de bailarines y coreógrafos reunidos en danza, quizá por primera y única vez, alrededor de una conmemoración especial, los veinte años de MES DE DANZA. La profesión salió a la calle a hacer ruido con sus cuerpos. Se lanzó a bailar de forma libre en una coordinada improvisación orquestada por el creador onubense Guillermo Weickert que dispuso esta especie de parada de 50 intérpretes como un ascenso ritual por las escaleras de las siempre concurridas setas que concluyó en bacanal explosiva de trance colectivo a su llegada a la plaza. Amasijo de cuerpos inspirados, en procesión y en comunión, conectados por hilos invisibles de atracción mutua, que celebraron las dos décadas de su festival reconociéndose protagonistas. Se cruzaron en esta insólita reunión de talentos cuerpos entrenados en diferentes escuelas, modos de hacer de distintas corrientes, sensibilidades contrastadas y generaciones distanciadas. Pero estuvieron allí, juntos como familia, haciendo lo que mejor saben hacer.

Tiene sentido. El festival sevillano los ha acogido en algún momento de sus carreras. Ha sido ventana, cobijo y apoyo de sus propuestas. Les ha dado también la oportunidad de bailar en casa. Aunque solidarios invitados foráneos fueron bienvenidos (Florencio Campo, los Umma Umma Dance, un entregadísimo Mario Sáez, entre otros), legítimamente fue un baile andaluz. Veteranos, pilares fundacionales, como Manuela Nogales, Isabel Vázquez o Víctor Zambrana, jóvenes ya adultos como María Cabeza de Vaca, Teresa Navarrete o Guillermo Weickert, y nuevas generaciones como Raquel Luque o la pandilla de los MOPA, por citar algunos de muchos, bailaron juntos en la fiesta de cumpleaños. Expectante, nerviosa, visible emocionada, María González, directora del MES DE DANZA, acompañaba la caravana, miraba incrédula el festín o ayudaba a crearles espacio a los enloquecidos bailarines, a veces confundidos con una marea de espectadores, gente de todo tipo que asistía también en masa a la convocatoria y que, en última instancia, daba sentido a todo aquello. Porque la danza escénica sin público no es danza y por esa misma razón, aquella era también la fiesta del ciudadano, del que ha sido fiel al festival, del que no lo ha sido y desde ayer lo es, del turista atónito, del paseante sorprendido y de todo aquel que pase por Sevilla en noviembre. Para ellos se hace.

Más allá de los valores artísticos de esta improvisación colectiva, que los tiene, el evento resultó emocionante por lo que significaba. Por un lado, era el respaldo en bloque de la profesión a un festival que ha sabido convertirse en una plataforma sólida para la creación local y por otro, la experiencia de vivir un momento profesional probablemente irrepetible, que hoy ya es histórico, al menos en el contexto de la danza local. Fue pues un mediodía emotivo en Metropol Parasol. Un momento climático en la memoria de la todavía joven danza contemporánea andaluza. Una bonita mañana amarilla dominada por las margaritas.

Texto Omar Khan.