Caer 11/11/2014 | Beatriz_Gomez
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Domingo 2 de noviembre, 14:00 del Mediodía. Estadio Olímpico, Sevilla.

Mes de la Danza 2014

 

CAER

Bien podrían ser un grupo de suicidas poético-danzantes, y el público, el de la Maestranza, si, el de la Plaza de toros de Sevilla, por encontrarnos aquí… asistiendo desde la barrera a un juego donde la vida se arriesga.

Pero en un giro entre lo poético y lo extremo, vamos ambos más allá, tanto ellas y ellos que danzan en el vacío, como nosotras, las espectadoras, me refiero a las personas, y de paso supero el lenguaje heteropatriarcal, por esto de ir más allá…. imaginen que hacemos un trato no pactado, y nos quitamos las ropas y los estereotipos como hacen continuamente durante la obra los habitantes del asteroide B612, nombre de esta compañía Sevillana dedicada a la danza vertical, pionera en su propuesta, y que nos regaln un espectáculo donde no solo vuelan los cuerpos sino también las ropas. B612 es planeta por cierto en el que habita el principito y seguramente Saint Exuperí. De este modo, una vez giramos y pactamos, ellos no solo arriesgan sino regalan y nosotros no asistiemos sino que sostenemos con nuestra presencia tales vuelos.

El mediodía es inestable, lleno de matices, de temperaturas… la atmósfera se hace presente a ras de suelo, igual pica el sol, que el viento es fresco y trae gotas de lluvia, me da miedo que los integrantes de la compañía, resbalen por las paredes del estadio olímpico, en concreto en la de la puerta M, lugar que en otro tiempo es un edificio de oficinas, como se puede ver a través de sus vitrinas. (que extraño es y qué gigante fastuoso, como toda la Expo, pero esa es otra historia…) ahora se danza,  y la realidad se transforma con los actos.

Nos sentamos en una “pradera” improvisada. Arañas, insectos y trozos de grava seca que lleva el aire, se me van posando encima, es incómodo en igual medida que mi expectación va disipando esta sensación y me “naturalizo” un poco

La obra comienza como comienza el día, o como cuando cae la noche, no necesita de tambores o melodías para avisarse, simplemente ocurre. Al igual que un pájaro puede llamar mi atención, me ocurre con un chico que camina sobre la cornisa. Ha pasado el suficiente tiempo para que el ambiente de abajo se me hubiera hecho conocido y me sorprenda algo para lo que “ he venido”.

Comienza. Un espectáculo como este, que se titula : “La arquitectura del aire” apunta a lo sublime, pero volvamos a quitarnos ropa,  a despojarnos de estereotipos, incluso gritemos, como grita una mujer a unos 20 metros de altura mientras se quita una camisa tras otra. Agrietemos la realidad, por tratarse de paredes: lo sublime también tiene sangre de mercaillo y de roullotte  por sus venas, y volar es sobre todo divertido, lo sublime es sobre todo divertido.

Apenas salen, me fascinan los movimientos flotantes de sus integrantes que se presentan en fila a lo largo de la cornisa. Continúa, me fijo en el pelo de la bailarina rubia que baila en pareja con un hombre unos metros más abajo, cómo se mueven sus rizos. Observar cómo posan sus pies en la pared me hace entender qué sienten durante el instante que están en completa suspensión, incluso la calidad del material en el que se apoyan se transforma.

Del amor a la chispa, suena por primera vez música anunciada por un “disjokey” a la antigua usanza anunciándonos una estrella de Puerto Rico, llega un toque de Caribe y Turquesa, danza una mujer, transmite hermosura y valentía, realiza una caída completa desde la cornisa al suelo, caer es danzar también. Cae ropa por las vitrinas de este edificio de oficinas, simultáneamente y continuamente a lo largo de todo el espectáculo.

En la siguiente escena, aparece el conflicto. Dos hombres, dos banderas, un vencedor, y unos aplausos hipócritas al nuevo jefe. Esta es una pelea que me devuelve a la sensación del principio, al riesgo implícito que conlleva la propuesta, incluso oigo los niños que me rodean que dicen que se van a caer!

Llega el flamenco, como llegan los flamencos, una irrupción: En escena una bailaora, le acompaña al toque su propio son, registrado por uno de sus compañeros con un micro,  cae lluvia, y esta vez no me da miedo, me reconforta lo que escucho lo que veo, cómo experimentan.

Y Llega el Grito a 20 metros de altura! La chica se despoja de infinitas capas, muda y muda y muda de capas, hasta que la piel aparece.

Las capas, la ropa, sirven también para algo, en esta ocasión baja un chico por una cuerda construida con harapos, suena una voz ambiental, y empieza un nuevo giro…el absurdo, el chico se mueve al grito de Tarzán…

La ropa de la cuerda se suelta en el suelo, es el fin de las escenas aéreas.

 

FIN DEL VUELO:

Viene un “ser” un gimnasta con dobles pies y dobles manos, con capucha y barriga. Aparecen los integrantes de la compañía y juegan a perseguirlo sin ser vistos, me recuerda a escenas de la época de Bola de Cristal y de Barrio Sésamo

Los chicos se divierten vistiéndose, con los harapos en el suelo, imitan la silueta del gimnasta… Se va cerrando… no voy a contar todo, porque lo esencial es invisible a los ojos, y no serán mis palabras las que lo intenten capturar, pero cuando me marcho del espectáculo, me monto en mi pequeña furgoneta blanca y me marcho con una sonrisa cómplice. BEATRIZ GÓMEZ