Meryem Jazouli y el Espacio Darja 10/11/2016 | noelia_adrian
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NOELIA ADRIÁN

Participar en Shapers, el ambicioso proyecto de danza en el mediterráneo,  podría promover cambios culturales, sociales y políticos importantes en algunos de sus países partícipes: “Hay una ley en Marruecos por la que está prohibido usar el espacio de una forma rara, sobre todo si son más de tres personas. Hacer algo artístico, ya sea danza, teatro o lo que sea, ya es un acto político que tiene cierto punto de reivindicación”.

Meryem Jazouli, bailarina y coreógrafa de origen marroquí, estudió danza en París, donde ha trabajado con varias compañías, hasta que se traslada de nuevo a Casablanca en 1997 para fundar el espacio Darja en 2011. Su objetivo  es crear un lugar que se dedique a la búsqueda y la experimentación en torno a la danza, o las expresiones artísticas de los jóvenes. “Que puedan encontrarse alrededor de proyectos artísticos, ver danza, conocer coreógrafos y artistas que llegan allí”. Nutrirse de ellos. Reflexionar sobre estos proyectos para ellos puede ser algo nuevo completamente. Se interesa en generar proyectos participativos, y transmitir conocimiento. Es un espacio que se ha generado muy lentamente desde hace cuatro años y ha conseguido lo que para ella es “un pequeño nivel, como nombrar la danza contemporánea allí y dar cierto nivel de honestidad, modestia y variedad a los bailarines“. Aunar todos los estilos de danza contemporánea posibles, de artistas y coreógrafos que tienen diferentes escrituras en torno a la danza con lenguajes propios.

Participa este año en el proyecto Shapers, de creatividad en el espacio público e intercambio cultural entre países del Mediterráneo, con ocho bailarines procedentes de Marruecos, Egipto, España, Francia y Bosnia Herzegovina. Las motivaciones que le han llevado a participar en esta experiencia han sido los productores del proyecto, liderado por la compañía Ex-Nihilo, de Marsella, con la que ha trabajado en diversas ocasiones y “la necesidad de vestir el espacio público en Marruecos, de ocuparlo, ya que normalmente existe dificultad para hacer uso del espacio público“. Este tipo de proyectos ayuda a ese punto humanista de usar un espacio de manera diferente a como está usado normalmente.

En Marruecos no hay una tradición de danza muy desarrollada. Hace 19 años no había nada que pudiera llamarse danza contemporánea, aunque había otros tipos de danza de carácter festivo. Desde 2005 empieza a construirse un pequeño movimiento gracias al  festival “On Marche” en Marraquech, donde algunos coreógrafos locales que fueron a formarse en otros países vuelven para presentar su trabajo. Poco a poco este festival hace va dando visibilidad al trabajo de estos artistas, que traen experiencias y conocimientos del extranjero. Bouchza Ouzguine, Taoufq Izzediou o Saüd Ait El Maumen, son algunos de ellos. El festival tiene carácter anual, y al principio sólo había este encuentro de una semana de duración. “Mi interés era que también hubiera otras actividades de danza contemporánea durante el año y no sólo el festival”.  Así han ido consiguiendo que durante todo el año haya presencia, apostando por la variedad de estilos. “El estado de la danza contemporánea sigue siendo un estado emergente” (lo dice con pena). No ha dado tiempo a dar paso a otro tipo de presencia. Lo interesante es que se reflexiona sobre la danza y sobre el desarrollo de un paisaje marroquí en torno a la danza. Tienen una tradición cultural que intentan defender, no quieren que sus bailarines se parezcan a los bailarines y coreógrafos que trabajan en Francia, Italia o Alemania, donde hay otras tradiciones y culturas, otras formas de crear. El objetivo es que éstos bailarines se reafirmen con su identidad cultural, como construir una creación con una coherencia política, humanística y su corporalidad.

El proyecto Shapers intenta desarrollar unos recursos que no son sólo económicos, apuesta porque los bailarines tengan una profesionalidad en su trabajo. Partiendo de una construcción pedagógica, y enfocando su orientación hacia el espacio público, ya que Shapers ocurre en la calle y en Marruecos hay una ley que limita las intervenciones en espacios públicos. “Se intenta hacer que el espacio público sea aún más público”. Que los bailarines tengan la ocasión de trabajar internacionalmente y encontrarse con otros bailarines y coreógrafos, todo lo que supone una gira o un proyecto internacional como Shapers. Poder presentarse a otras audiencias y con varios tipos de danza. “Que se enfrenten a la dificultad de mostrar su trabajo. Gestionar una gira, un trabajo común, que se sientan formando parte de un equipo y defiendan el interés artístico que les une”.