La intermitencia del intento   04/02/2019 | Comunicación Mes de Danza
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Texto: Natalia Jimenez Gallardo
Foto: Luis Castilla

Estoy sentada con el cuerpo tenso y adelantado, mis ojos clavados en esa suspensión y ansiosos por ver tu siguiente paso, la siguiente imagen. Quiero ayudarte, quiero que lo consigas, quiero que tu musculatura sea capaz de vencer ese peso negro que calzan tus pies, cuando insisto con mi mirada sobre el negro, toma la forma de unos zapatos protésicos.

Al mismo tiempo, con mi pecho entrego fuerza a tu humano cuerpo que está a cinco metros de distancia del mío. Siento la cercanía y se reduce el espacio entre tú y yo. Ahora, son tus ojos los que se clavan en la curva de mi columna y percibo como la piel de mi abdomen se estira y mi espalda vence el arco provocado por el peso de mis ortopédicos pies.

Me sorprendo de cómo la suspensión se sostiene en el tiempo, por el ángulo perfecto que toman mis rodillas, esas rodillas que al comienzo de la obra me habían llamado la atención cuando las sentí alineadas, en un encaje tenso, en un estar de pie rígida.

Vuelvo a tomar distancia en mi silla para mirarte y aunque no veo tus manos, me hago consciente de que éstas serán la toma de tierra de esa vertical imperfecta, las que alinearán a tus pies hasta colocarlos en la cima de tu cuerpo, aquel lugar que previamente fue ocupado por tu cabeza.

Si vuelvo al instante de la suspensión, también percibo el espacio que se crea entre tus piernas, una abertura precisa, absolutamente necesaria para tu cuerpo y para superar a la decisión de lanzarte e invertirte en una desproporcionada insistencia de la existencia. Ahora, pienso en lo que estamos viviendo como humanos, doy un salto de la sala al mundo, para dar el siguiente paso en mi pensamiento y romper con esa línea frágil que hay entre el antes y el después de los cuerpos, cuando el único propósito es el de avanzar.