Author Archives: Beatriz_Gomez

Vaivén

  VAIVEN 5 de Noviembre. Teatro central, Sala B. Mes de la Danza.  Sevilla   Una sensación extraña: Vulnerable. Dos hombres en la sala B, del Teatro Central de Sevilla,  para expresar con el cuerpo el “zeitgeist”, el espíritu del tiempo. No prometen nada de esto, es la experiencia que se destila una vez representada. “Dos arquetipos” . El bailarín: ( Juan Kruz ) y el hombre: ( Antonio Ruz)  , ambos transformando las categorías que habitan a través de la propuesta del Vaivén. Parten de la premisa de dirigirse y coreografiarse recíprocamente en dos solos que constituyen el trabajo que presentan. Tanto Juan Kruz como Antonio Ruz, ( Legazpi y Córdoba respectivamente) comparten referentes: su condición de artistas residentes en Berlin , y  el hecho de que ambos estén conectados a la compañía dirigida por Sasha Valls en la capital alemana. Estos antecedentes les llevan a generar un discurso en el que no está exento el hecho de la inmigración, ni su condición de “escritores” de su tiempo y espacio, cuya principal herramienta en ambos casos será el cuerpo. Esta no es la primera obra en la que colaboran juntos, ahora presentan Vaivén,  que se estrenó ayer día 4 de noviembre en estreno absoluto durante esta 21 edición de mes de la danza 2014.   El Bailarín:   Veo un cuerpo, que de danza está por momentos vivo, enfermo, hermoso ¿lo mueven? ¿se mueve? ¿Sufre? ¿Lucha?  ¿espera el juicio eterno que vivimos en el trabajo, en los estudios, en nuestras propias exigencias y por eso prueba, duda, aprende, falla…? ¿espera a Godot?  los movimientos se “estiran” al infinito. En esta representación y búsqueda, los límites aparecen, a través de caídas, cambios de rumbo o de ritmo, generan posibilidades que manifiestan la esencia del encuentro entre el cuerpo y las preguntas: Ahí surge la danza. Asistimos a una experimentación física donde el cuerpo se hace objeto de unas condiciones donde el tiempo cambia por imput de lo que considero un acuerdo de experimentación y compromiso personal con la realidad, que el bailarín comparte desde la generosidad total. Podemos ver físicamente los cambios a los que se somete. Es como si asistiésemos a un experimento donde la masa de un objeto fuera expuesta a gravitaciones desconocidas y para las que no contamos con un lenguaje para describirlo, porque van al ritmo mismo de la experiencia que lo manifiesta. Sería como realizar un mapa escala 1.1 de la realidad. No hay alternativas a esta visión para ser explicada, ni metáforas. Aquí está el límite, que en si mismo es un lugar. Se viaja hasta el límite. El trabajo coreográfico realizado por Antonio Ruz, el de su ejecución por Juan Kruz,  y el de las luces y dirección técnica realizado por Olga García,  son los componentes que escriben este proceso a escala real. El hombre: En esta segunda parte, representado por Antonio Ruz, bajo la dirección de Juan Kruz, en la que se incluyen los arreglos músicales, observamos efectivamente a un hombre, que está solo. Sus acciones representan la búsqueda de conexión con el mundo. Este hombre tiene alma de Clown.  No le faltan maletas, aparatos de música, inventos, palabras masculladas, canciones y   llamadas de atención al bailarín que yace inerte a su lado, buscando un compañero. El hombre de la representación, se mueve en un espacio en el que no hay respuesta a sus palabras, ni a sus acciones, lo que resulta un lugar asfixiante pequeño, divertido por momentos y enloquecido. No hay eco que le ayude a hacerse una idea de cuán grande es el mundo que le rodea o de cuánta atmósfera dispone. Al observarlo además en este lugar, da la impresión de que el escenario es el único espacio donde esta búsqueda puede desarrollarse por completo, el hombre se permite hacer “lo que le da la gana”, explorar, llamar, quejarse, imaginar… ¿Proporciona esta libertad el hecho de lo artístico?. Se genera una sensación contradictoria, pues de un lado nos habla de la libertad creativa que proporciona el arte, como premisa y respuesta al aislamiento, pero por otro transmite claramente un límite, que es en el que vive el arte por ser un lugar sin respuesta por parte del mundo, ya el arte es una categoría fragmentada de la realidad, “un lugar donde poder ser libre” . Esto no tiene sentido en un mundo que no es libre de serlo en cualquier contexto. Se aprovechan los recursos musicales, para cambiar el ritmo y los ambientes. Queda  una sensación de belleza, esperpento y humor, como salida final a lo imposible. Para cerrar y por continuar con el efecto del vaivén, destacar que un nuevo movimiento queda en el aire una vez terminada la obra: se desubica de su silla al “espectador”, para invitarle a responder desde el mundo al arte, siendo libre de explorar y buscar conexiones, fuera de los espacios reconocidos como artísticos, ¿se podría ver así un arte menos aislado? Beatriz Gómez Portillo  

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Caer

Domingo 2 de noviembre, 14:00 del Mediodía. Estadio Olímpico, Sevilla. Mes de la Danza 2014   CAER Bien podrían ser un grupo de suicidas poético-danzantes, y el público, el de la Maestranza, si, el de la Plaza de toros de Sevilla, por encontrarnos aquí… asistiendo desde la barrera a un juego donde la vida se arriesga. Pero en un giro entre lo poético y lo extremo, vamos ambos más allá, tanto ellas y ellos que danzan en el vacío, como nosotras, las espectadoras, me refiero a las personas, y de paso supero el lenguaje heteropatriarcal, por esto de ir más allá…. imaginen que hacemos un trato no pactado, y nos quitamos las ropas y los estereotipos como hacen continuamente durante la obra los habitantes del asteroide B612, nombre de esta compañía Sevillana dedicada a la danza vertical, pionera en su propuesta, y que nos regaln un espectáculo donde no solo vuelan los cuerpos sino también las ropas. B612 es planeta por cierto en el que habita el principito y seguramente Saint Exuperí. De este modo, una vez giramos y pactamos, ellos no solo arriesgan sino regalan y nosotros no asistiemos sino que sostenemos con nuestra presencia tales vuelos. El mediodía es inestable, lleno de matices, de temperaturas… la atmósfera se hace presente a ras de suelo, igual pica el sol, que el viento es fresco y trae gotas de lluvia, me da miedo que los integrantes de la compañía, resbalen por las paredes del estadio olímpico, en concreto en la de la puerta M, lugar que en otro tiempo es un edificio de oficinas, como se puede ver a través de sus vitrinas. (que extraño es y qué gigante fastuoso, como toda la Expo, pero esa es otra historia…) ahora se danza,  y la realidad se transforma con los actos. Nos sentamos en una “pradera” improvisada. Arañas, insectos y trozos de grava seca que lleva el aire, se me van posando encima, es incómodo en igual medida que mi expectación va disipando esta sensación y me “naturalizo” un poco La obra comienza como comienza el día, o como cuando cae la noche, no necesita de tambores o melodías para avisarse, simplemente ocurre. Al igual que un pájaro puede llamar mi atención, me ocurre con un chico que camina sobre la cornisa. Ha pasado el suficiente tiempo para que el ambiente de abajo se me hubiera hecho conocido y me sorprenda algo para lo que “ he venido”. Comienza. Un espectáculo como este, que se titula : “La arquitectura del aire” apunta a lo sublime, pero volvamos a quitarnos ropa,  a despojarnos de estereotipos, incluso gritemos, como grita una mujer a unos 20 metros de altura mientras se quita una camisa tras otra. Agrietemos la realidad, por tratarse de paredes: lo sublime también tiene sangre de mercaillo y de roullotte  por sus venas, y volar es sobre todo divertido, lo sublime es sobre todo divertido. Apenas salen, me fascinan los movimientos flotantes de sus integrantes que se presentan en fila a lo largo de la cornisa. Continúa, me fijo en el pelo de la bailarina rubia que baila en pareja con un hombre unos metros más abajo, cómo se mueven sus rizos. Observar cómo posan sus pies en la pared me hace entender qué sienten durante el instante que están en completa suspensión, incluso la calidad del material en el que se apoyan se transforma. Del amor a la chispa, suena por primera vez música anunciada por un “disjokey” a la antigua usanza anunciándonos una estrella de Puerto Rico, llega un toque de Caribe y Turquesa, danza una mujer, transmite hermosura y valentía, realiza una caída completa desde la cornisa al suelo, caer es danzar también. Cae ropa por las vitrinas de este edificio de oficinas, simultáneamente y continuamente a lo largo de todo el espectáculo. En la siguiente escena, aparece el conflicto. Dos hombres, dos banderas, un vencedor, y unos aplausos hipócritas al nuevo jefe. Esta es una pelea que me devuelve a la sensación del principio, al riesgo implícito que conlleva la propuesta, incluso oigo los niños que me rodean que dicen que se van a caer! Llega el flamenco, como llegan los flamencos, una irrupción: En escena una bailaora, le acompaña al toque su propio son, registrado por uno de sus compañeros con un micro,  cae lluvia, y esta vez no me da miedo, me reconforta lo que escucho lo que veo, cómo experimentan. Y Llega el Grito a 20 metros de altura! La chica se despoja de infinitas capas, muda y muda y muda de capas, hasta que la piel aparece. Las capas, la ropa, sirven también para algo, en esta ocasión baja un chico por una cuerda construida con harapos, suena una voz ambiental, y empieza un nuevo giro…el absurdo, el chico se mueve al grito de Tarzán… La ropa de la cuerda se suelta en el suelo, es el fin de las escenas aéreas.   FIN DEL VUELO: Viene un “ser” un gimnasta con dobles pies y dobles manos, con capucha y barriga. Aparecen los integrantes de la compañía y juegan a perseguirlo sin ser vistos, me recuerda a escenas de la época de Bola de Cristal y de Barrio Sésamo Los chicos se divierten vistiéndose, con los harapos en el suelo, imitan la silueta del gimnasta… Se va cerrando… no voy a contar todo, porque lo esencial es invisible a los ojos, y no serán mis palabras las que lo intenten capturar, pero cuando me marcho del espectáculo, me monto en mi pequeña furgoneta blanca y me marcho con una sonrisa cómplice. BEATRIZ GÓMEZ          

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