Author Archives: Cristina Dominguez

El mundo de los tres

Otra manera de encontrarse nos habla de la incomunicación, de lo difícil que es hacerse entender. El escenario nos plantea una aparente inconexión entre tres micropiezas: un set para el músico Miguel Marín, el tocador de la bailarina Teresa Navarrete y la salida del actor Nando Pérez que lo cerca todo con una carrera automática, desencadenando en un parlamento jadeante.

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Taconeando a 90 grados

El hall de un hotel repleto en temporada baja. Un armario blanco, más bien pequeño y dos mujeres encerradas en él. “El Síndrome de Stendhal, pieza nº 9” fue la piñata flamenca de “Danza en espacios singulares”, programa que se sitúa en el marco de la 18 edición del Mes de Danza en Sevilla y que se vio la semana pasada en el Hotel Vime Corregidor de la capital hispalense.

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Danza sobre una misma

Ayer fue mi último día en esta muestra del Mes de Danza 17, no podré asistir a los espectáculos del fin de semana, pero al menos vi Même à moi revenue… bien acompañada y eso siempre gusta. Fue un espectáculo bonito, elegante, quizás lo más clásico dentro de la danza contemporánea que he visto estos días. Las bailarinas Geneviève Mazin e Imen Smaouï muestran su buen hacer en un espacio sencillo pero muy interesante. La pieza empieza siendo un bucle, tanto musicalmente como en los movimientos de Imen detrás de la tela traslúcida. No tenían fin ni principio, estaban unidos. Este bucle dura algunos minutos y a él se une, en su espacio, Geneviève, con movimientos igualmente seguidos, delante de la tela, pero con una cadencia distinta. La música termina, las bailarinas se encuentran y tras un breve contacto físico comienzan a bailar juntas, probando, tocándose, apoyándose la una en la otra. Podría parecer que el espectáculo iba a quedarse ahí, bailar un rato más y ya. Pero la sala B del Teatro Central se convierte en una sala de espejos sin espejos. Las telas que servían para separar ambientes y esconder un poco a las bailarinas sirven ahora para que sobre ellas se proyecte un vídeo con una tercera componente: una segunda Geneviève. Esta nueva figura baila y parece realmente que está allí, de hecho hay tiempo para que bailen en paralelo, por separado e incluso se funden en una imagen preciosa, costando diferenciar cuál es la verdadera y cuál la réplica. Estas proyecciones hablan de la multiplicidad de la personalidad de uno mismo, como dice la propia compañía “la imagen artificial permite una circulación visual entre la imagen íntima y la imagen pública (…), entre la imagen que otros proyectan y la que nosotros admitimos.” A ratos me han recordado al trabajo de la bailarina y coreógrafa Denise Perdikidis, a la que curiosamente no he visto bailar ninguna pieza. La conozco como profesora de movimiento e interpretación corporal. Ella también se llena de movimientos limpios y de una buena escucha. Con ese título que no significa nada y a la vez significa tanto (es una redundancia de la primera persona), el discurso de ayer era un retrato del ‘yo’, de tantos como existen dentro de cada uno. Y así cierro estos escritos sobre danza, viendo un espectáculo protagonizado por dos mujeres en la misma sala en la que hace algunos años vi Ölelés con Damián Muñoz y Jordi Cortés, dos hombres que me hicieron llorar y que en parte fueron los responsables de que hoy yo sea una asidua al Mes de Danza. www.maquinadeanimos.es

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Paseando por lo experimental

Llegaba tarde. 30 minutos tarde, pero algo me decía que debía intentarlo. Otro día hubiera parado en mitad del camino para dar media vuelta, pero ayer no sé por qué algo me empujaba hacia adelante. Sí lo sé, era ella: Raquel Madrid y la compañía Dos proposiciones Danza-Teatro. Aunque llegué con retraso me encontré a un numeroso grupo de personas en la puerta del Rectorado. Estaban esperando para ver el segundo pase de la pieza que gracias a que era muy corta (pero sobre todo a la generosidad de la bailarina y de la organización de la muestra) pudimos verla entera los que no fuimos puntuales. He tenido la oportunidad de asistir en distintas ocasiones a otras piezas de esta compañía y siempre he quedado contenta, así que me dije… ¿sería una buena manera de terminar un lunes, no? En comparación con montajes anteriores, Tratado abreviado de sueños de andar por casa ahonda en un terreno más experimental, ligado a nuevas formas y cercano a nuevos sonidos. Las colaboraciones artísticas acompañan de sobra, dan la talla, tanto que a veces tengo la sensación de que la danza en sí, el movimiento corporal, queda en un segundo plano. El video-mapping de Javier Vila (aka MINSK CINEMA) y Juan Domínguez (aka JVH2ó) convierte la sede de la Universidad de Sevilla en una habitación llena de pesadillas, desde luego aprovechando a la perfección la creación arquitectónica existente. La creación sonora de Árbol y Tension.Co ofrece la oportunidad a Raquel no de bailar sino de interpretar y lanzarse con su cuerpo a defenderse de quien le ataca. Lejos quedan las coreografías con melodías de radio como las de Japiverdy!, muy tragicómicas, o la tensión sexual y amorosa de Capítulo VIII del código civil, igualmente potentes. Pero ayer nos hablaron de otra cosa, de frío, de cucarachas, de soledad, de miedos, del ego, de desconfianza, de espejismos… La presencia de Raquel vuelve a mostrarse, a pesar de bailar prácticamente a oscuras, de noche y con vídeos proyectados que le atraviesan el cuerpo. Desde que conocí a Raquel, y cada vez que la veo, pienso en la bailarina Virginia García, hay algo que me recuerda a ella, las melenas oscuras, sus cuerpos nada frágiles, seguros y portadores de hombres. La agilidad, la decisión. Yo hubiera querido más, pero todo tiene su explicación. Esta pieza pertenece a “Encargo de danza en espacios singulares”, lo que ayer se mostró era una creación en proceso y el año que viene se mostrará al fin acabada. Además, antes de la actuación Arturo Parrilla, miembro de la compañía, explicó en qué consistía la pieza. Su intervención fue breve y sus palabras precisas, definiendo el espectáculo como “un tráiler en vivo de cinco secuencias.” Una vez más la sección “Danza en espacios singulares” ha hecho que dentro del público asistente a estas piezas se encuentren primerizos, personas no asiduas a estos eventos, que aunque puede que nunca vuelvan a presenciar creaciones contemporáneas por interés propio, algo se habrán llevado de lo que está pasando en esta parte del mundo. Espero poder presenciar en 2011 el estreno de este Tratado abreviado de sueños de andar por casa. www.maquinadeanimos.es

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Los señores de corbata al otro lado de la pista

Tuve claro desde que vi la programación del este año del Mes de Danza que la Gala Fantoche no me la quería perder. Conozco parte del trabajo de Roberto Martínez, también de Pablo Peña. Si faltaran alicientes aún tengo otro: entrar en la Sala Holiday (ayer me estrené, a mis 28 añitos, nunca es tarde). La de ayer era una cita de posmodernidad, danza, remezcla y humor petardo… o eso era al menos lo que yo pensaba. Claro, eso es lo que pasa. Soy de las que cuando va al cine no lee la sinopsis porque soy tan rápida haciéndome una idea que es fácil que luego no encaje con la realidad. Esta vez me ha pasado y la responsable soy yo, ¿quién me manda a mí a preconcebir un espectáculo? Si al menos hubiera visto la puesta en escena del pasado año de esta misma pieza en proceso de creación… pero ni siquiera eso. Es el cuarto espectáculo al que asisto, el único donde esperaba ver humor y en el que menos lo he encontrado. Está claro que el propósito de Roberto y Bárbara es reírse desde el principio, ellos mismos denominan su show como “fantoche”, pero hay veces que el humor no hace gracia, no te pica en la barriga, no conectas con él… A mí me parece que tarda mucho en aparecer, solo a partir de la segunda mitad puedo ver algunas intenciones cómicas y lamentablemente en mí no surten efecto. El warmup de Fran Torres y Pablo Peña está correcto, para mi gusto muy desapercibido, en mi idea de “cómo son las cosas en el mundo de Cristina” yo ya había decidido que primero bailarían y después nos tomaríamos una copa, ocupando la sala, al son de los tracks. La realidad es que no animan (nadie dice que tuvieran que hacerlo), y a mí en concreto hace que me impaciente ante la inminente llegada del espectáculo. Querían demostrar estados de ánimo delirantes. El caos se exterioriza más en Bárbara, su manera de mover el cuerpo es mucho más dispar, desordenada, chispeante y paradójicamente, solo a ratos, poco ágil, con estampas muy bonitas. Por otra parte Roberto rompe en menos ocasiones y sus movimientos son más continuos, aunque cómo no también coquetea con el éxtasis. Nos reciben estos anfitriones de la gala con vestimentas absurdas, muy vistosas, de las que se van despojando a medida que crece el show. Ella se me aparece como una cándida oveja, él todavía no sé cómo, tampoco hay que andar definiendo. La performance recorre varios momentos: cada uno rompe consigo mismo al principio, interactúan con una comunicación fallida, supongo que intencionada. Luego, más tarde, ironizan sobre uno de los bailes más institucionalizados, los bailes de salón, se enredan, se caen… siguen buscando y ahí sí que estoy atenta (fue ésa la parte que más me gustó del espectáculo porque logro percibir algo) y alcanzan un clímax que hace que la chica se vaya y él se quede bailando a solas, con un adecuado cambio de luz, y una danza de esas que hacemos solos en nuestra habitación, sabiendo que nadie nos ve. Pero sin esperarlo y pensando que todo terminaba aquí, Bárbara vuelve con un micro (del que ya había hecho uso antes) que no aprovecha del todo, por los textos y por su intención. Se acerca la última parte y después de que Roberto pinte con unas lápidas de tiza el suelo de la pista e improvise un cementerio a lo Dogville, ambos acampan y la pieza termina con un picnic en el camposanto. Este momento también es poético, como el solo de la habitación de Roberto. Es una lástima que otros factores como la poca visibilidad de la sala hacen que desconecte en varios momentos, es entonces cuando me fijo en los señores de corbata al otro lado de la pista. Son dos. Ya han cumplido los cincuenta, puede que este año o puede que haga nueve. Podría decir que ellos están en su casa, cumplen en perfil de cliente asiduo de la sala Holiday (o tal vez sean familiares o amigos, o familiares y amigos fans de la discoteca). Me fijo en sus rostros (me gusta observar a la gente sin que se dé cuenta), intento deducir qué piensan y por un momento me pongo en su lugar. Es necesario empatizar, me hace gracia imaginarme entrando en mi bar favorito, con mis amigos y rodeada de los de siempre y de repente encontrar, por ejemplo, un ensayo de costaleros. ¿Se sentirían así estos señores? Creo que lo mejor de anoche fue eso, insertar en un espacio singular una pieza, una performance, descontextualizar e integrar, demostrar a estos clientes que hay otras cosas ahí fuera, aunque a algunos de los que solemos ser testigos de estos eventos no nos convenciera demasiado o, más bien, nos dijera poco lo que ayer pasó en la mítica Holiday. Me quedé con las ganas de saber si a los señores de corbata al otro lado de la pista les gustó la Gala Fantoche. www.maquinadeanimos.es

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De la incomunicación y el absurdo

Anoche asistí a un espectáculo tripartito, un dúo, una proyección y un solo. Me gustaría invertir el orden de las piezas para terminar hablando de la que me fascinó (Formula), pero el final de Heidi hace que me contenga y me guíe por un orden cronológico. Esta vez la música no sonaba para que la bailaran, al menos en la primera parte. Se hace la luz y no existen bailarines, sino dos coches de juguete (rojo y azul) dispuestos en el escenario. La pista es para ellos, pero no se deciden, permanecen quietos al son de una música. La luz se va y cuando vuelve trae consigo silencio y a Iskra Sukarova, con un trote absurdo y una precisión en los movimientos extrema, cuidada, maravillosa. Un cuerpo elocuente desde su pelo hasta las yemas de los dedos, desde sus costillas hasta el empeine revestido de zapatilla deportiva Adidas. Había leído que Formula en su origen se basó “en la deconstrucción del ballet clásico”. Iskra encarnaba todo eso. Podía hacer lo que quisiera, su cuerpo era capaz, también su expresión tan habilidosa. Líneas puras, espasmos, posturas imposibles, desagradables, garras y ladridos y maullidos. Sola, sin música, para qué más. Hasta aquí hay algunas risas entre el público por el aparentemente inconexo mensaje de Iskra. Pero falta por llegar su compañero, Aleksandar Georgiev, que aparece cuando su partenaire le da tregua y le deja la pista. Él también tiene ese trote absurdo, y mucha menos precisión, menos estatura, menos elasticidad, y el rostro amargo de la mujer de antes cambió por una cara sonrosada, con sonrisa cándida. Por un momento pareció que cambiamos de espectáculo. No dejaba de preguntarme si en algún momento aparecerían los dos juntos, porque tendría que ser muy cómico ver tanta diferencia física. Es verdad que Aleksandar aporta humor, humor blanco, natural y energía. Empatizamos (él es el primero que lo hace) y con él nos quedamos mientras yo esperaba ansiosa la vuelta de Iskra. Al fin los dos se juntan, efectivamente, nos reímos. Juegan a un constante trabalenguas corporal, una y otra y otra vez. Quieren mostrarnos algo, pero no saben, no pueden. Su show habla de eso, de no saber y saber, de cómo hacerlo mejor… de buscar la fórmula. Hablan entre sí, se miran, se animalizan (vi perros, gatos y sapos)… y al final encuentran una manera de bailar juntos: haciendo girar los coches de carreras que vimos al principio (rojo y azul, como sus camisetas respectivamente). Danzan los bólidos y solo entonces suena la música. Todo parece tener orden, descansen en paz. La dramaturgia de Iskra Sukarova y Dejan Srhoj vino a decirme algo así como “lo difícil de comunicarse bien”. Ya pensaba yo que las otras dos piezas que me quedaban por ver difícilmente superarían lo que allí acababa de pasar. Y tengo que reconocer que así fue. El vídeo, Colour lab, es cansino, poco expresivo. Este cortometraje pretende ser un análisis o estudio sobre la percepción de los colores, pero creo que la manera de abordarlo resulta manida, nada extraordinaria. Después de los 15 minutos de proyección espero al fin el solo, Heidi. De nuevo Aleksandar, esta vez con cambio de vestuario: un corto vestido de los colores del otoño. Como ya nos contaban, Heidi es un proyecto que trata “sobre la estupidez, la ingenuidad”. Aunque esta pieza contiene muchísimo humor son muchas las veces en las que el bailarín roza la máscara, el esperpento, la exageración, sin llegar a entrar de lleno en nada de eso. Al entrar en escena, antes de sorprendernos el número que ha montado para nosotros, este dulce travestido le pide a un chico de la primera fila que le haga fotos mientras baila. Así sucede, la danza de Heidi es inmortalizada por las tomas del “voluntario”. Baila unos minutos y cuando, entre vergüenza y coqueteo, termina, nos mira, agradece la labor a su ayudante y entonces toma la cámara. Heidi pide luz sobre el público, quiere llevarse un recuerdo de quienes hemos ido a verla y nos hace fotos… Pero lo que nadie espera es que esta cándida chiquilla nos pida con total naturalidad y parsimonia desalojar el teatro. ¿Por qué no? En su espectáculo termina siendo ella quien finalmente quien hace lo que quiere (no es tan descabellado). Todos salimos de la sala riendo y sin estar convencidos de lo que está pasando. Heidi habla de lo absurdos que somos, y de que el ser humano puede llegar a ser muy idiota. Sí señor.

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El cuento está vivo

“Entradas agotadas“. No es normal que en espectáculos infantiles se cuelgue este cartel con tanta antelación. El domingo un gran grupo de niños y niñas bailaron y actuaron junto con Pepa Muriel (Escenoteca) y su renovado cuento de Los tres cerditos. Los había de diferentes edades y muy distintos entre sí, algunos miedosos, otros inquietos, otros más risueños… pero todos y cada uno de ellos pactaron con la cuentacuentos que aquella moqueta gigante en el suelo del Teatro Alameda se convertiría en un gran bosque. Es interesante ver de vez en cuando espectáculos infantiles para analizar cómo se trata a los menores, pero en esta ocasión no distaba mucho la manera en que las actrices los trataban a ellos y a nosotros, los padres, madres y adultos en definitiva. Los niños formaban un público inteligente y activo. De hecho en algunas ocasiones se le exigía a los más pequeños un nivel de abstracción bastante alto, pero todos accedían. La fábula popular de estos tres cochinitos fue interpretada con música y paisajes sonoros, con ejercicios de expresión corporal, de interacción entre ellos, de mucha imaginación. La misma contadora interpretaba al lobo, pero por supuesto, los protagonistas seguían siendo los pequeños, que se enfrentaban y se esmeraban en que sus casas de paja, madera y ladrillo no fueran derribadas. Y más cuando, según esta versión, el lobo quería atrapar a los cerditos porque estaba convencido de que con ellos podría cocinar deliciosos tocinos de cielo! (¿Por qué no compartir humor con el público infantil?). 60 minutos donde todos nos entretuvimos, aprendimos y comprobamos que de manera sencilla, con muy pocos recursos pero buen fondo, los niños aceptan casi cualquier plan. Cultura y juego, una combianación mucho más sencilla de lo que parece.

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El loco de la discotheque (o la historia del caracol)

Siempre he admirado a los tipos que bailan en las discotecas, a los que lo hacen de alguna manera peculiar. El concepto de discoteca tuvo que ser alguna vez algo tan puro como ir a bailar, a sudar, a estar en el momento y dejarte llevar. Y eso es lo que me queda del espectáculo de Jordi Casanovas y Mal Pelo. Algo tan sencillo y genial como lo que, en definitiva, me declino a definir como la justificación de su show, de su cajón de sastre. Desde el momento en el que Jordi entra en escena tiene cierto aire de vagabundo: un abrigo de pelos, unas zapatillas y en el decorado algún artilugio cubierto por una manta de cuadros. Me gusta pensar que es su casa, sobre todo cuando con la ayuda de una cuerda se la echa sobre la espalda y la traslada. El por qué de ese movimiento aún no lo he descubierto, pero ya digo que por su actitud, en todo momento desconcertante, terminas cediendo a su guiño, a su truco, y optas por no preguntarte constantemente nada más. Lo aceptas tal y como viene, él ha llegado para distraernos. En Jukebox hay humor, magia con humor y danza. Danza también con humor. Casanovas no tarda apenas en mostrarnos a un bailarín enérgico, voluble, pero que se queja de pequeños dolores, de cansancio, que no llega a afinar del todo con la trompeta, que hace desaparecer un par de zapatos como cualquiera de nosotros lo haría delante de un hermano pequeño. Un generoso patchwork de música, movimientos, voz, sonidos, poco cohesionado, con un desconcierto generado en la primera mitad del show que para algunos queda resuelto con la simple actitud del bailarín. Jordi lo hace bonito, a pesar de que no se me fue de la cabeza en los 60 minutos de espectáculo la figura del loco. Sus brazos trazaban líneas decisivas y muy pocas veces (no sé si ninguna) superaron un ángulo de 180 grados. Su baile diagonal se mueve más en un encuadre bajo y nada angosto. Al motivado de la discoteque no lo para ningún estilo musical: Paganini y Bach con un efecto contemporáneo en las líneas que su cuerpo dibujaba y un abanico de posiciones clásicas al ritmo del jazz y bebop de Charlie Parker y Dizzy Gillespie. Y para colmo se atreve a poner en su boca palabras de un caracol (con un texto de Toon Tellegen): “Yo soy más de todo que todo el mundo” pensó. “Pero lo que más soy es lento” El nervio, el perfil casi esquizoide mostrado hasta ahora se enfrenta a estas palabras leídas con saber hacer por el propio protagonista. Tira el libro y echa a bailar, corre, suda, nos mira. La única melodía que da tregua a este loco es una de Jacques Brel, pero todo vuelve a su cauce cuando la chanson es interrumpida por el Sexmachine del señor James Brown. No queda otra: hay que seguir bailando. Llegando al final retoma su habilidad de mago y va haciendo desaparecer cada elemento: el gran reloj, la silla, la trompeta… hasta él mismo. Es entonces cuando regresa a mí la imagen del principio: el vagabundo con su casa a cuestas, ¿es esta la historia de un caracol? http://www.maquinadeanimos.es/

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