Author Archives: Comunicación Mes de Danza

Resonancia de aula

Texto: Alba Lucera Foto: Agustín Rodríguez Un silencio algo insistente cuestiona el espacio antes de dejar paso a la acción. Estamos ahí, público convertido en alumnos, sentados en el aula antigua en que se desarrolla la obra, a modo de recuerdo de los estudiantes que fuimos o no fuimos. Ellas también están ahí. Sabemos que son bailarinas, pero el entorno nos dice que pueden ser otra cosa. Entre la multitud de cuerpos, me encuentro yo. Respiro el aire cargado de las aulas antiguas. ¿Se abren los ventanales o solo entra el aire por la puerta las veces que se abre? El silencio revela una multitud de ruidos generados por el propio espacio. Soy parte del murmureo y me veo reflejada en el crujir de la madera. Me siento acompañada al escuchar a mi vecino. Necesitamos reconfortarnos en esa tos solidaria que dice el miedo al vacío y las ganas de aterrizar juntos. No estar solos, como de niño, cuando amenaza la oscuridad de la noche y se busca la mano del muñeco bajo la almohada. El silencio previo a la función nos devuelve al mundo fantasmal de nuestra pequeña infancia. Trae inseguridades y llega a incomodar. Puede ser que otros lo disfruten, pero todos sabemos que la función debería de haber empezado desde hace tiempo. Intuimos que algo ya está hablando. De pronto, ella habla. Ella, bailaora, bailarina. En realidad, nadie ni nada ha dicho que baila. Su apariencia de institutriz estricta y su vestuario formal informan del contexto en que estamos inmerso. Se habla de protocolo, de reglas. La voz oscila entre los agudos y tonos más roncos, hay cierta amenaza en las palabras y la mirada. Mientras habla, la profesora recorre la parte delantera de la cátedra, avanzando y retrocediendo. ¿Es profesora? ¿Es ella ese personaje inamovible con el que me tendré que conformar hasta el final de la pieza? ¿O solo es un tipo de presencia, con múltiples cuerpos a punto de revelarse? Las sillas de madera crujen, hay sonidos y susurros. Toco la madera barnizada y rajada de esa misma butaca donde me senté años antes. El recuerdo de las horas de clase aflora. Aquel día cuando el profesor nos confesó que acababa de perder a su madre y que le costaba hablar de Cervantes. Aquel otro cuando los géneros literarios se revelaron siendo lejos de representar categorías absolutas. De pronto, las palabras cesan, el cuerpo de su emisora se detiene. Una puerta se abre y aparece otro cuerpo. ¿Quién es? ¿Otra profesora? ¿Una alumna? ¿Importa saberlo? Su vestuario verde pistacho acordado a la blusa y falda de su acólita contrasta con la semi-oscuridad del aula. Ese cuerpo ondula, se funde con la puerta en su entrada en escena. Escalando las paredes, se mueve de manera excéntrica, en sentido propio y figurado. Los miembros inician el movimiento y el tronco sigue como pueda. Se camufla en el espacio del aula, siguiendo sus relieves; una mesa, una silla, cualquier objeto integra su trayectoria, bajo la mirada de su compañera. En algún momento, los dos cuerpos se encuentran en el movimiento a través de líneas que proyectan en el espacio. Ahí empieza el diálogo. Un dúo con preguntas y respuestas, intervenciones, instantes de escucha y tomas de palabra que no van a cesar hasta el final de la obra. La escucha es plural. La de ellas juntas y la mía. Avanzan ambas en un mismo ritmo, al servicio de la obra. Descubrimos que esos dos cuerpos bailan. La primera zapatea, la otra intenta traducir lo que se ha emitido con los pies, a la vez que invita a tomar direcciones nuevas. Movimientos que nos sorprenden y nunca apuntan adónde el ojo se lo espera. La primera bailarina tiene movimientos más concéntricos, remata las frases con fuerza. Y si se deja llevar por el flujo de la acción, siempre concluye con un punto y aparte. La segunda en aparecer en escena, parece seguir el discurso de sus articulaciones y enseñarnos que nada está nunca por acabar, que siempre hay una nueva dirección posible. En ese diálogo constante, las dos mujeres – son mujeres – se acompañan. Los contrastes entre concéntrico y excéntrico generan emoción. La fuerza de los pies subraya los gestos, mientras el movimiento del tronco contradice la afirmación del tacón. El contraste entre el remate y una cabeza que se deja llevar por inercia, sin control, conmueve. Puede pasar en un mismo cuerpo. La complicidad de los dos lenguajes es llamativa. Las dos mujeres, profesoras, bailarinas, alumnas, en fin, sus dos cuerpos encarnados, concuerdan en el ritmo y en el espacio. Conjugan su diversidad. Se acompañan en las aceleraciones y deceleraciones, en las ondulaciones y los finales abiertos. En algún momento central de la pieza, las acciones se multiplican y parece ser que las dos se persiguen; el flujo de movimientos se intensifica, el ritmo acelera, el zapateado habla más fuerte. Recorren el espacio de un lateral a otro, en una carrera libre, aprovechando cada hueco para llenarlo. La pieza sigue, pero algo ya ha ocurrido. Hemos perdido la noción del tiempo. Nos vamos adentrando en el discurso de las profesoras-bailarinas, y ahora la primera dicta una clase con sus taconeos. “Tico-tico ta –ta y ta.” Punto, coma, prosigue. Otra vez aparece el personaje del inicio. La institutriz con nariz apuntando al cielo y sus pasos firmes. No hay margen de error. No hay sitio para quien duda o falla. Su acólita reproduce movimientos. ¿Cómo se los apropia? ¿Hay miedo en fallar¿ ¿Hay deseo de llegar? Los dos cuerpos van intercambiando sus discursos y el derecho a la palabra emerge de nuevo. Se expande sobre la pared. Mientras se acercan al muro y juegan con los huecos de la cátedra, las bailarinas conquistan la pizarra como nuevo salón de baile. Sus cuerpos se unen en ella y dibujan con tizas. El lenguaje es abstracto, mientras no para de significar. Vemos aparecer líneas, puntos y otros dibujos. No sabemos qué se escribe, pero leemos una acción conmovedora: dos cuerpos unidos a una pared cuestionando sus límites. Unos hilos dibujados con tizas quedan a la vista como imagen simbólica del lenguaje. Hay lenguajes de todo tipos. Ahí, el cuerpo habla. Y vuelvo a pensar en la araña tejedora que tanto me ha acompañado en mi danza. Esa imagen, bicho real, que crea con su saliva los hilos del texto que entrega al mundo: su creación. Creadora de signo, símbolo de la aparición del lenguaje, la araña teje su tela, para luego tirar del hilo y deshacer el camino. Regresar del laberinto o alcanzar su centro. El aula recóndita. Vuelvo al presente. Porque ellas, bajo mi mirada, no dejan de estar ahí, entregadas a lo que ocurre, atentas a lo que surge. Mientras sus dos cuerpos evolucionan en el espacio, los sonidos no paran de acompañarlas. Sonidos del aula, sonidos grabados. Ya no sabemos qué proviene del espacio real y qué está emitido por una cinta. La araña suelta una risita de contentamiento. Crujidos, murmureos, campanas, ruidos de agua. Hasta que llegue Vivaldi. Vivaldi en el aula es un cuerpo más. Las bailarinas lo reciben como una tregua en el discurso de su clase. Bailan en trio. ¿De dónde viene la música? Del propio cuerpo de los intérpretes? ¿O de un espacio exterior? ¿De siglos atrás? ¿Qué es la música para un cuerpo danzante? Podríamos hablar mucho del tema, pero se acerca el final. Los cuerpos poco a poco van cediendo al lenguaje ajeno de su falso doble, sin nunca renunciar. Avanzan en un paso a dos que me interroga. ¿Ese hilo, a dónde las lleva? ¿Adónde me lleva? De nuevo, llegan las palabras. Volvemos abruptamente al lenguaje verbal. Es repentino, porque el viaje ha sido largo y cuesta regresar al habla. Poco a poco, el volumen sube y percibimos mejor lo que se dice. Se habla de un giro. De lo que representa en la vida de una bailarina. La voz emerge de cuerpos invisibles para decir lo que se siente en lo físico. El tono autoritario de las palabras del principio da paso a una confesión íntima. Hay matices en los agudos y los graves se hacen dulces. De pronto, los dos cuerpos han salido. La puerta se cierra y nos quedamos solos, con el silencio, las emociones y las dudas, con la certeza de haber presenciado una clase que dice más que su propio contenido. Acerca de la pieza AULA de Natalia Jiménez y José Luis de Blas, con la colaboración especial de Leonor Leal y el espacio sonoro de Juan Diego Calzada

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El contagio

Texto: Mariló Gallardo Foto: Agustín Rodríguez En la posición de alumna-espectadora asisto a la ruptura de los límites de una preciosa aula al estilo más convencional  de la facultad de Filología de la Universidad de Sevilla,  que se transforma por el espacio de aproximadamente una hora, en un espacio vivo donde el movimiento humano entra de pleno. Dos mujeres, Natalia y Leonor, se enfrentan a este reto, y para ello ocupan el espacio establecido para el profesorado y nos dejan los asientos de madera dispuestos de manera consecutivos separados por un pasillo central, al espectador, que se dispersa por el graderío. Una de las bailarinas, Leonor, nos muestra de dónde parte el perfil de su personaje, tras iniciar el espectáculo relatándoos las pautas de asistencia y puntualidad a seguir en sus clases, y me retraen a mi profesora de psicología evolutiva que también prohibía la entrada a clase una vez ella hubiese iniciado su plática. Pronto me saca de mi ensimismamiento risas de mis compañeros de la clase-teatro por ciertas frases irónicas, con efecto burlesco, que intercala en su discurso. Natalia, la otra bailarina, aprovecha para subir parsimoniosamente las gradas que componen la zona del alumnado-espectador, mirarnos, dejarse ver, y salir de la clase por la puerta trasera del aula. Cuando Natalia vuelve al aula esta vez entrando por la puerta principal, la que accede directamente a la zona del enseñante, se transforma en un cuerpo explorador de los elementos que componen esa zona, que va desde la misma puerta y su quicio hasta las mesas del estrado. En esos momentos no la percibo como una danzante, sino como una especie de sustancia moldeable, casi gelatinosa que se va adhiriendo a los elementos que conforman el entorno que transita, hasta cuando se topa con la otra forma humano, Leonor, que inmóvil la  observa.  A partir de ese encuentro, ya algo comienza a cambiar. El personaje que representa Natalia va perdiendo, conforme avanza la partitura de la coreografía, su condición de dispersión, de disolución, de  disgregación, a la vez que Leonor  va ganando en amplitud de miras y movimiento, libertad en el espacio, en su ser y estar, todo ello gracias a experimentar principalmente desde la escucha “vicaria”. A este proceso danzante le acompañan a ratos sonidos propios de una sala donde los crujidos de la madera, elemento principal de suelo y asientos, junto a los propios y habituales de los espectadores, se les unen otros ruidos similares, pero  grabados, que me provocan hasta cierta incomodidad al llegar a creer que estaban contaminando el silencio que se precisaba para el espectáculo. También hubo ciertos fragmentos de música clásica y el contundente sonido de zapateo, principalmente de Leonor, que ocasionalmente eran acompañado por palmoteo  y chasquido de su boca, que me hicieron vibrar en el baile flamenco de mucho agarre. Todo esto me retrae a los movimientos centrípetos y centrífugos, pues pierdo la noción de quién pivota a quién, pero de una cosa estoy segura: los dos personajes que he visto danzar se han contagiado una de la otra, y aunque el largo de sus faldas pantalón aún me las identifican, por la puerta principal del aula salen otros dos personajes bien impregnados una de la otra, y el espacio, con sus mesas, sus ordenadores, su lámpara portátil y su inmensa y magnifica pizarra ya no volverá a ser el mismo para los alumnos-espectadores que hemos acompañado este transitar.

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Cuerpo Chirriante

Texto: Natalia Jimenez Foto: Marga Pérez  Auto-explicitación de un instante de la actuación del día 6 de noviembre en el Aula 103. Instante: cuerpo chirriante (una escena del espectáculo AULA de Jose Luis de Blas y Natalia Jiménez) No tengo la chaqueta puesta, el aire de fuera me descomprime las costillas. Sacudo mi torso para sumergirme de nuevo en el AULA. Veo a Violeta del Festival y se acerca a mí, con cara de atención. Le digo: forma parte del espectáculo, salir y entrar de nuevo. Estoy abriendo la puerta, es un ángulo pequeño, justo el espacio que necesito para que mi cuerpo se tope con la otra parte de la puerta. Siento en mi espalda la línea, los salientes y la estabilidad que me ofrece la madera. Veo al público cómo una masa amarilla, altera mi percepción, el nivel de atracción de la masa se compensa con una mirada abierta y borrosa a la vez, simultáneamente  se adelanta mi mano derecha sin mirar hacia donde y circula hacia el pomo de la puerta. Lo agarro con fuerza, establezco un contacto fundido con el acero, mi cuerpo continua girando sobre los pies, esto revela una intensa rotundidad en mi musculatura, como la de un tronco de olivo, bien arraigado y cuando ya estoy al otro lado, se desplaza mi torso hacia delante y la mano que agarra se descompone para deshacer la tensión centrada en el pomo y para empujar hacia delante, lo que se traduce en la sensación de un muro en el hombro derecho.  Los ojos vuelven a su lugar anatómico, para darse cuenta al mirar hacia arriba de la desproporcionada dimensión entre el cuerpo y la puerta, esa grande distancia alarga el espacio inter-vertebral y crezco. Descubrir que soy más pequeña que la puerta es un pensamiento que me hace descansar y noto como eso ensancha mis costillas, suspende y desciende como el final de una llegada entre el pensamiento y la integración en la respiración que da aún más trascendencia a ese pensamiento. Sigo anclada con la mano al acero y mis pies están generando un presión entre el suelo y la parte baja de la puerta, el resto del cuerpo es borroso, está al servicio de esta mecánica que está prefijada y requiere de una atención en tres puntos. Siento seguridad y mi codo se alarga hasta que mi columna se sitúa en paralelo con la rampa, estoy cayendo, es un instante de vértebras brillantes, es placentero estar sostenida por tres puntos a la vez, la alineación es luminosa. Veo el techo, blanco sucio, veo dos colores marrones diferentes, estoy flipando con cuántos tonos marrones pueden convivir en este espacio. Ya no puedo desplazarme más. He llegado a un lugar donde la articulación encuentra un muro pero en esta ocasión no es plano, el muro  tiene un sonido chirriante que me avisa de que ya es suficiente. Voy a volver, voy  lenta para no perderme ningún detalle, viaja mi atención desde el hombro, por el costado derecho hacia la cadera y en contraste afloja la caída del brazo y aligera la forma completa. Deja de estar fragmentado el pensamiento y la atención se dilata, me percibo como una unidad , soy una con el espacio gastado y agrietado. ¿Hay grietas en mi tendones? Me pregunto en los límites que me encuentro mientras avanzo y sostengo 39 años de movilidad: ¿cuántos años tienen las bisagras del espacio? Oigo un crujido lejos, proviene de la masa amarilla y me activa el giro de las vértebras cervicales, guiadas por los ojos que quieren ver el crujido, como consecuencia giro toda la columna. La densidad del espacio aumenta, veo en el aire la atención de los otros, percibo las miradas desde el público,  el codo me acerca hacia el marrón solemne de la Universidad y mis rodillas se doblan, giran los pies y veo que mis zapatos son blanco sucio, la suela de madera toca la madera con solera del AULA 103. Deslizo el pie por el contorno de la puerta hasta que encuentro la esquina que no encaja con mi zapato, eso me distrae. Me paro y actualizo con la mirada  la relación entre mis articulaciones y las del espacio , con la fantasía de descubrir así, el siguiente paso.

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COMUNICADO OFICIAL: BARBECHO EN 2020 PARA MES DE DANZA

Como directora artística y de producción del festival MES DE DANZA lamento comunicar que la edición 27ª de este evento, que debería celebrarse entre finales de octubre y principios de noviembre 2020, como viene siendo habitual desde hace 26 años, no tendrá lugar este año. Con más de un cuarto de siglo de existencia, este proyecto, de iniciativa privada, ha superado muchas crisis. Pero el grado de incertidumbre y de riesgo que se ha instalado entre 2018 y 2019 ha llegado a tal paroxismo que Trans-Forma, entidad organizadora de este festival, no puede enfrentarse a una nueva edición. MES DE DANZA es un proyecto que trabaja en la divulgación de la danza contemporánea, un lenguaje artístico que por su fragilidad necesita del apoyo y del compromiso institucional. Los problemas surgen cuando estas instituciones no contemplan en las medidas de ayudas los plazos necesarios de organización, de ejecución y de pagos y, menos aún, las singularidades del proyecto. A esto se suman las diferentes interpretaciones que cada administración hace de la misma Ley General de Subvenciones dificultando, cuando no paralizando, una gestión eficiente del proyecto. Esta situación es especialmente acuciante en lo concerniente al Instituto de la Cultura y las Artes del Ayuntamiento de Sevilla, principal subvencionador de este proyecto,  y a la Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico de la Junta de Andalucía. La edición 2019 de MES DE DANZA se ha realizado teniendo pendiente recibir un 25% de la ayuda 2018 concedida por la Consejería y el 100% de la anunciada en 2019, de la cual, además, aún a día de hoy no se ha publicado resolución definitiva, con lo que se desconoce el importe final concedido. Asimismo, por problemas y trabas burocráticas, tampoco se ha percibido ningún adelanto por parte del ICAS, cuya cuantía se cobrará íntegramente una vez se haya finalizado el proceso de justificación a lo largo de 2020.  Desde un punto de vista de tesorería, esta situación supone una catástrofe en mayúscula, teniendo una asociación sin ánimo de lucro como es Trans-Forma que adelantar cuantías que superan los 100.000 € sin saber, además, cuándo llegarán estas subvenciones.  A partir de ahí, la ingeniería financiera se sostiene con créditos bancarios siempre avalados por  bienes personales, con intereses que van corriendo, esto siempre y cuando tengamos un documento por parte de las administraciones que confirme esta subvención, lo que no siempre es así. La otra solución, siempre que eso sea posible, es poner en el evento tu capital personal y el de tus familiares sosteniendo un festival de servicio público con capital personal. Como gestora cultural responsable de un proyecto de iniciativa privada que depende de las administraciones públicas, tengo muy asumido, al igual que todos mis compañeros y compañeras en la misma situación, que nuestro pan de cada día es adelantar dinero constantemente llegando las necesidades de pago siempre antes que los cobros. Lo asumo desde hace 26 años. Pero cuando las cantidades necesarias para afrontar el evento se incrementan de manera exponencial y la incertidumbre campa a sus anchas, el riesgo asumido afecta a la estructura de funcionamiento de la entidad organizadora (teniendo que prescindir de personal), a la salud física y mental de la que sustenta esta entidad y por último a la inventiva, creatividad y empuje del proyecto que se tiene entre manos. A día de hoy, Trans-Forma necesita sanear su tesorería, es decir que lleguen las ayudas concedidas por parte de las administraciones; ya que otra edición supondría sumar más adelantos inasumibles.  Esta situación no es exclusiva de Trans-Forma, sino que afecta a todas las entidades que tienen entre manos un proyecto que necesita del apoyo público. 26 años de celebración, jalonados de reconocimientos y premios, en contraposición a la fragilidad en la que está inmerso MES DE DANZA hacen patentes ciertas contradicciones que ya no se sostienen: – El haber conseguido con tenacidad y mucho trabajo, un presupuesto que se puede considerar como un mínimo digno pero que se hace insostenible por los procedimientos. – La exigencia legítima de las compañías que perciben MES DE DANZA como un proyecto veterano y consolidado que no se puede atender. – La solidez  y entrega del equipo del Festival frente a la incertidumbre de cada año. – El indudable apoyo político frente a los procedimientos cada vez más farragosos y desfasados en el tiempo. – La demanda del sector profesional frente a la capacidad real de respuesta por parte del festival. – La expectativa cada vez más alta de un  público fiel y exigente a la que solo se puede responder con visión y planificación. Los proyectos culturales que dirigimos y gestionamos necesitan con urgencia de una Administración que tenga en cuenta y atienda a sus particularidades y singularidades, que aplique la Ley General de Subvenciones en función de unos parámetros que permitan el desarrollo y crecimiento del proyecto. De lo contrario, se corre el riesgo de acabar con las estructuras que los sostienen, así como de empobrecer y uniformizar  los proyectos entrando, paradójicamente, en contradicción con los objetivos de los departamentos de intervención, que no son sino velar por el buen uso de los fondos públicos. No dudo del apoyo político de las instituciones que respaldan a MES DE DANZA, reiterado tanto en actos públicos como en entrevistas personales, y porque no dudo de ello, emplazo tanto al Ayuntamiento de Sevilla como a la Junta de Andalucía a pensar durante 2020 nuevas fórmulas de apoyo acordes a la realidad y la naturaleza del festival que le permitan reanudar en 2021 un segundo ciclo de vida. Quiero pensar que esto es posible y que a partir del año próximo, la organización de este festival se realice sobre una base sostenible de forma que se rentabilice el dinero público de manera más efectiva en beneficio de los profesionales dedicados a la danza y de la ciudadanía en general.  MES DE DANZA en 2020 estará en barbecho. Los esfuerzos ante la incertidumbre con la que se trabaja, los retrasos en los pagos, los criterios poco acordes a la naturaleza del proyecto tanto en las convocatorias de las ayudas como en las justificaciones, los retrasos en la resolución de los expedientes, como si de una tierra se tratase, han agotado este festival.  Poner en barbecho una tierra tiene como objeto regenerarla y que recupere sus mejores condiciones. Este es sin duda el objetivo para este festival: que este tiempo sirva para que las entidades que tienen la responsabilidad de apoyar adopten las medidas adecuadas y que MES DE DANZA pueda enfrentarse a una segunda etapa con unas bases sostenibles acordes a las necesidades de la gestión de un festival internacional de danza contemporánea. MES DE DANZA va a descansar, nosotros no. Estaremos en 2020 cuidando de este barbecho. Recala en las administraciones la responsabilidad para que solo hablemos de un hasta pronto y no un hasta siempre. Me pongo a disposición de estas administraciones para un diálogo fructífero y eficiente a favor ya no solo de MES DE DANZA sino de todos los proyectos artísticos de iniciativa privada que sufren esta precarización cada vez más acuciante de la cultura.  María González Vidal Directora artística y de producción de MES DE DANZA Directora de proyectos de Trans-Forma Producción Cultural Sevilla, 5 de febrero 2020. DESCARGAR COMUNICADO EN PDF  

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La danza se cuela en los centros de formación y estudio

En 2016 MES DE DANZA inició una nueva línea de trabajo en torno a la Danza y la Educación. Un programa múltiple que ha ido evolucionando y que en 2019 ha trabajado con alumnos de todo el espectro formativo: desde primaria hasta la universidad, pasando también por la formación especializada en danza.  El objetivo del programa es seguir generando públicos para la danza contemporánea introduciendo la disciplina en las aulas.  Aportar al alumnado una experiencia enriquecedora y divertida a través de la danza, que les acerque al festival y lo sientan como suyo. Mi Cole Baila es la sección orientada a la educación infantil. Un proyecto impulsado en colaboración con la coreógrafa y pedagoga Elisa del Pozo, co-directora del Centro Crea Música y Danza, y que cuenta con el apoyo del programa Art For Change de Obra Social La Caixa. A través de Mi Cole Baila la danza pasa a ser, durante unas semanas, una materia más de las tratadas en la escuela y se convierte en herramienta al servicio de la educación.  Este año protagonizan la experiencia los alumnos de tercer curso del Colegio Federico García Lorca, que expusieron la pequeña pieza coreográfica creada en las diferentes sesiones antes de la representación del espectáculo «Hipstory», de la compañía catalana Brodas Bros, en el Teatro Alameda. Desde 2017 MES DE DANZA se propone también llegar al alumnado adolescente, con objeto de acercar a esta comunidad programas que promuevan el acercamiento a las artes escénicas y su experimentación.  En 2019 el festival acogió  «Transmissions», un monográfico sobre danzas urbanas ilustrado por Guille Vidal-Ribas y Javier Casado, especialistas en esta disciplina. Ambos trabajaron con alumnos y alumnas de primero de bachillerato del IES Martínez Montañés durante tres días. Como actividad complementaria la compañía Premoh’s Cru, presentaron el 29 de octubre en el patio del instituto su espectáculo «Anónimas raíces». En el plano universitario, el festival colabora de forma regular con el Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla y con la Universidad Internacional de Andalucía. MES DE DANZA incluye en su programación piezas de danza en espacios como el Rectorado o diferentes facultades, y también coopera con estas instituciones en la sección de actividades periféricas, organizando ciclos de proyecciones y talleres, orientados a la comunidad universitaria. Como propuesta excepcional, en 2019, además, MES DE DANZA  ha coproducido “Aula”, una propuesta de la creadora andaluza Natalia Jiménez y del dramaturgo José Luis de Blas, que se sitúa a caballo entre la pedagogía y la performance, trasladando a un espacio de estudio (el aula 103 de la Facultad de Filología) una particular clase en la que el cuerpo y el movimiento fueron la asignatura a estudiar. MES DE DANZA también cuenta con lazos muy estrechos con  los principales centros locales de formación especializados en artes escénicas, danza y música. Tanto los conservatorios profesionales como la Escuela Superior de Arte Dramático son cómplices habituales en el apartado de formación del festival. Una vinculación muy especial este año en el caso del Conservatorio Superior de Danza Antonio Ruiz Soler y el Conservatorio Superior de Música de Sevilla Manuel Castillo, que, bajo la dirección musical de Camilo Irizo y con coreografía de Teresa Navarrete, profesores ambos de sendos centros, presentaron en el marco de MES DE DANZA una pieza creada conjuntamente por sus alumnos y alumnas. 

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Teatro Victoria, la casa de la danza canaria

Once creadores canarios estuvieron presentes en la edición 26 de MES DE DANZA a través del programa Carta Blanca A… consensuado con el Teatro Victoria de Tenerife

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8150 veces ¡gracias!

Porque 8150 son los espectadores que nos habéis acompañado este en año en MES DE DANZA. Una edición, ¡la 26º!, vertebrada en torno al eje creación-público-ciudad; tres piezas que han encajado en un puzzle perfecto (o eso pensamos), cargado de grandes momentos y de instantáneas inolvidables.   El festival abría y cerraba esta edición de la mano de dos reflexiones sobre la escena, una desde la memoria colectiva, de la mano de Alberto Cortés y La Terribilità, y otra desde la memoria del creador, de la mano de Olivier Dubois, y ambas con los espectadores como eje vertebrador. Sevilla compartió protagonismo con la danza en el ciclo “Danza en Espacios Singulares” y el festival apostó, más que nunca, por el bloque de Danza y Educación, que introduce esta disciplina en las aulas de escuelas, institutos, universidades y conservatorios. Mucho que ver y mucho que contar en 2 semanas intensas de programación que hemos condensado en nuestro tradicional vídeo resumen. Esperamos que hayas disfrutado tanto como nosotr@s y te decimos ¡hasta pronto!

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Spot Inauguración MES DE DANZA 26

Convertido, sin duda, en uno de los nombres referentes en el panorama de la danza actual en Andalucía, Alberto Cortés regresa a MES DE DANZA para inaugurar esta edición 2019. Una inauguración que conectará directamente con los tres ejes vertebradores del festival: creación, público y ciudad. «Masacre en Nebraska» es una oportunidad, una invitación a traspasar la cuarta pared, un laboratorio de investigación en torno a lo local y a la configuración social. 10 valientes espectadores abandonaran la zona de confort del patio de butacas y trabajarán con Cortés y su equipo en varias sesiones previas en las que irán rescatando sus historias particulares para crear una nueva Historia común que compartirán con el público en este arranque de la vigesimosexta edición de MES DE DANZA.  Martes 29 Oct 21:00 Teatro Alameda

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Serie de promos para redes de MES DE DANZA 26

Para la edición 2019 de MES DE DANZA se ha realizado una serie de spot pensados especialmente para redes sociales siguiendo los ejes creación, público y ciudad y los bloques Danza en Espacios Singulares, Programación de Sala y Actividades Periféricas. Firman las tres piezas Agustín Hurtado y María Artiaga / La Buena Estrella.

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MES DE DANZA vuelve a colaborar con RENFE y Metro de Sevilla

Dentro del amplio número de colaboradores que cada año renuevan su compromiso, no podían faltar, una edición más, ni Renfe ni Metro de Sevilla. 

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