Hay fuerzas que provocan un sentir extraño, aquel en el que los límites se tocan, atraen a la vez que aterran, como la propia naturaleza. En la obra Lo raro es que estemos vivos, Patricia Caballero, creadora e intérprete, consuma lo celeste y lo terreno, asusta y enternece. Está viva, es humana, y es eso lo que baila y a lo que canta, el ser. Sus descolocadas formas te recolocan, no hay patrón, todo es. Movimiento.
El trabajo presentado, continuidad de la pieza Aquí gloria y después paz (2010), donde ya la autora ensalzaba la terrenalidad que nos acomete y con ello nuestra humanidad desde la inversión del conocido dicho, casa con este mismo que se mueve por el popular humano de la comunidad, por aquellas manifestaciones más arraigadas que narran entorno a lo más propio y terrenal; vida, muerte, vida. Si Lo raro es que estemos vivos, no hay nada mejor que manifestarlo y celebrarlo tal y como Patricia Caballero lo muestra en su creación.
Esta artista con suma delicadeza te recibe en la sala, espera a que se tome asiento en las butacas que ella misma colocó a su gusto y en las que pudimos sentarnos y sentirnos más recogidos y accesibles, estábamos, los pocos que éramos, muy cerca y en sus manos sin aún saberlo. Tras esto comienza a moverse en un espacio rudo que arrasa, con alguna “luz bonita” como ella dice, se cambia de vestuario, siempre colorista dentro de la crudeza del entorno. Cuando la observas añoras el lugar que habita en ese preciso instante, está mucho más allá de ese suelo tangible y no se va. Ahí, presente en su presencia, te habla segura, te toca en lo más profundo sin rozarte, tímida y vulnerable te seduce siendo capaz de ceder su cuerpo a algún espectador de la sala, te incomoda desde su movimiento crudo, desde su expresión clara y sin tapujos, a fin de cuentas te hace suya. Entregada al momento con su baile, raspa la esencia del flamenco y el contemporáneo.
A Caballero, gaditana de origen, formada en danza y artes plásticas, le interesa todo lo que le atañe al cuerpo, tanto los procesos perceptuales como relacionales, así como las prácticas y estudios sobre el mismo. Y así lo muestra desde el suyo. Vivo y cambiante, despierto, curioso, pesado y ligero. Un “bestia parda” en escena, y permitanme la expresión porque lo merece, es aterradora, y aún así no deja de enamorarte, quizá justo por eso.
En una sociedad que tiende a la fantasmagórica virtualidad, nada mejor que estos gruesos cantos rodados, de difícil digestión, que nos recuerdan de dónde venimos y dónde estamos.
Lo raro es que estemos vivos.
Coreografía e interpretación: Patricia Caballero.
Sala La Fundición (Sevilla), Festival Mes de Danza.
Martes 5 de Noviembre de 2013.