Ex-Nihilo: El compromiso en el arte 03/11/2014 | Comunicación Mes de Danza
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Ex-Nihilo visto desde los ojos de una espectadora

El compromiso en el arte: bailo el espacio que habito, habito el espacio que bailo

Pocos artistas he visto en estos últimos diez años con una actitud de compromiso en el arte cómo estos. Con su propio lenguaje, el cuerpo en movimiento, sin discurso verbal añadido, me han demostrado cómo se puede apostar por habitar la ciudad siendo uno más, desde diría yo en extremo, una vocación de homeless. Estos bailarines sin-casa son dueños de la calle, desde la posición más expuesta para una artista, sin la distancia que supone el escenario, el vestuario y la puesta en escena que marca la diferencia frente al espectador. Una persona está sentada en un banco, con ropas sencillas, de pronto comienza a bailar y la que está al lado, con sorpresa y estupor, se pregunta si es un loco y, una de dos, o sucumbe a su estupor y se va o termina seducida de su arte en movimiento… Esto es conquistar el espacio, esto es conquistar un alma para la danza y esa magia no tiene precio. La mía la conquistaron hace nueve años, en el Mes de Danza de 2005. Esa vez era un espectáculo dentro de una sala, pero, con esta misma actitud, consiguieron llevar la calle al interior de la sala.

En el espectáculo que presentaron en el Mes de danza 2014, “Le nom du Lieu (El nombre del lugar)” podría decir que hay ya casi un metalenguaje arquitectónico sobre el habitar-bailar una ciudad: una ciudad se sobrepone a otra, se proyecta sobre otra, los cuerpos bailan sobre la ropa tendida en las paredes de otra ciudad y trepan sobre las verjas de ésta. Decía anoche una mujer que miraba el espectáculo: “van a barrer la plaza”… Sí, ¡eso es! Danzan arrastrándose sobre imágenes de otras ciudades proyectadas en el suelo, pero se llevan de ésta el polvo impregnando sus cuerpos.

Es curioso cómo nos cuesta responder ante una propuesta artística tan democrática: los bailarines quieren desarrollarse entre el público, acortar distancias, sin embargo, estamos tan “bien educados” como espectadores que somos nosotros quienes ponemos la distancias, quienes hacemos el espacio escénico creando un vacío en medio, cuando lo que hacemos en realidad es limitar el espacio escénico de la propuesta de Ex-Nihilo, ocupando las paredes, resistiéndonos a ser parte de la “escenografía”. Pero los bailarines se nos acercan y hasta nos tocan, y ¡¡no muerden!!. Se mezclan con nosotros, nos resitúan en el espacio y nos hacen partícipes con un gesto amigo, una mano en el hombro. Y con una precisión milimétrica en sus movimientos, pueden hacer piruetas imposibles rozándonos la nariz, porque, eso sí, no puede haber daños colaterales, ni una persona dañada físicamente, son guerreros de la calle muy bien adiestrados, tienen además de los principios y la intención, toda la técnica necesaria. Y es uno danzando entre la gente, y son dos, y son tres y somos todos… y, al final, felizmente acompañados de una música en directo, emotiva y justa, se conquista el espacio, se conquistan las almas. Una apuesta por visibilizar las zonas periféricas de las ciudades, las zonas periféricas y auténticas del arte. Ya están aquí, con sus proyectores en mano. Atrévete a salir de tu idea confortable de espectador, atrévete a tener una experiencia inolvidable.

Texto: Isa García Orellana
Foto: Luis Castilla