-
Archives
- febrero 2020
- diciembre 2019
- noviembre 2019
- octubre 2019
- septiembre 2019
- agosto 2019
- febrero 2019
- enero 2019
- diciembre 2018
- noviembre 2018
- octubre 2018
- septiembre 2018
- agosto 2018
- julio 2018
- junio 2018
- mayo 2018
- abril 2018
- marzo 2018
- febrero 2018
- enero 2018
- diciembre 2017
- noviembre 2017
- octubre 2017
- septiembre 2017
- julio 2017
- junio 2017
- mayo 2017
- abril 2017
- marzo 2017
- febrero 2017
- diciembre 2016
- noviembre 2016
- octubre 2016
- septiembre 2016
- junio 2016
- mayo 2016
- marzo 2016
- diciembre 2015
- noviembre 2015
- octubre 2015
- septiembre 2015
- noviembre 2014
- octubre 2014
- septiembre 2014
- diciembre 2013
- noviembre 2013
- octubre 2013
- septiembre 2013
- julio 2013
- diciembre 2012
- noviembre 2012
- octubre 2012
- septiembre 2012
- agosto 2012
- julio 2012
- abril 2012
- diciembre 2011
- noviembre 2011
- octubre 2011
- septiembre 2011
- julio 2011
- diciembre 2010
- noviembre 2010
- octubre 2010
- agosto 2010
- julio 2010
- noviembre 2009
- agosto 2009
- julio 2009
- agosto 2008
- julio 2008
- junio 2008
- abril 2008
- agosto 2007
- junio 2007
- abril 2007
- agosto 2006
- junio 2006
- agosto 2005
- junio 2005
- agosto 2004
- julio 2004
- junio 2004
- agosto 2003
- junio 2003
- agosto 2002
- junio 2002
- agosto 2001
- julio 2001
- junio 2001
- agosto 2000
- junio 2000
- mayo 2000
- septiembre 1999
- agosto 1999
- agosto 1998
- mayo 1998
- agosto 1997
- mayo 1997
- agosto 1996
- julio 1996
- abril 1996
- agosto 1994
- abril 1994
-
Meta
Author Archives: JudithMata
La bella bestia
Hay fuerzas que provocan un sentir extraño, aquel en el que los límites se tocan, atraen a la vez que aterran, como la propia naturaleza. En la obra Lo raro es que estemos vivos, Patricia Caballero, creadora e intérprete, consuma lo celeste y lo terreno, asusta y enternece. Está viva, es humana, y es eso lo que baila y a lo que canta, el ser. Sus descolocadas formas te recolocan, no hay patrón, todo es. Movimiento. El trabajo presentado, continuidad de la pieza Aquí gloria y después paz (2010), donde ya la autora ensalzaba la terrenalidad que nos acomete y con ello nuestra humanidad desde la inversión del conocido dicho, casa con este mismo que se mueve por el popular humano de la comunidad, por aquellas manifestaciones más arraigadas que narran entorno a lo más propio y terrenal; vida, muerte, vida. Si Lo raro es que estemos vivos, no hay nada mejor que manifestarlo y celebrarlo tal y como Patricia Caballero lo muestra en su creación. Esta artista con suma delicadeza te recibe en la sala, espera a que se tome asiento en las butacas que ella misma colocó a su gusto y en las que pudimos sentarnos y sentirnos más recogidos y accesibles, estábamos, los pocos que éramos, muy cerca y en sus manos sin aún saberlo. Tras esto comienza a moverse en un espacio rudo que arrasa, con alguna “luz bonita” como ella dice, se cambia de vestuario, siempre colorista dentro de la crudeza del entorno. Cuando la observas añoras el lugar que habita en ese preciso instante, está mucho más allá de ese suelo tangible y no se va. Ahí, presente en su presencia, te habla segura, te toca en lo más profundo sin rozarte, tímida y vulnerable te seduce siendo capaz de ceder su cuerpo a algún espectador de la sala, te incomoda desde su movimiento crudo, desde su expresión clara y sin tapujos, a fin de cuentas te hace suya. Entregada al momento con su baile, raspa la esencia del flamenco y el contemporáneo. A Caballero, gaditana de origen, formada en danza y artes plásticas, le interesa todo lo que le atañe al cuerpo, tanto los procesos perceptuales como relacionales, así como las prácticas y estudios sobre el mismo. Y así lo muestra desde el suyo. Vivo y cambiante, despierto, curioso, pesado y ligero. Un “bestia parda” en escena, y permitanme la expresión porque lo merece, es aterradora, y aún así no deja de enamorarte, quizá justo por eso. En una sociedad que tiende a la fantasmagórica virtualidad, nada mejor que estos gruesos cantos rodados, de difícil digestión, que nos recuerdan de dónde venimos y dónde estamos. Lo raro es que estemos vivos. Coreografía e interpretación: Patricia Caballero. Sala La Fundición (Sevilla), Festival Mes de Danza. Martes 5 de Noviembre de 2013.
Posted in Actualidad, Palabras en movimiento
Leave a comment
Se danza
Judith Mata El espacio público se convierte en espacio singular por ser lugar de acogida de inesperados universos bailados. Se crea una expectación a la espera de ventanas que muestran nuestro tiempo siempre en movimiento y efectivamente danzado. Un acto de donación, donde el juego del “don” como valor y como presente, también regalo, se combina con el acto del hacer, “acción” y el darse, un dar que exige la parada perceptiva: recepción, y con ella la apertura, contaminando de tal forma el cotidiano de danza. Y ha sido a lo largo de todo el primer fin de semana de Noviembre en Sevilla, que tras la gala de inauguración de la vigésima edición del Mes de Danza (Muestra Internacional de Danza Contemporánea de Andalucía) celebrada el pasado Viernes 1 de Noviembre, el Festival ha arrancado con su apartado de Danza en Espacios Singulares. Siendo ésta crónica la jornada de danza sucedida a lo largo del Sábado 2 de Noviembre. Localizada en la Puerta de Jerez, pasado el mediodía, la compañía catalana UMMA UMMA DANCE junto al joven y ascendente coreógrafo MANUEL RODRÍGUEZ presentaban su pieza Fifth Corner, la cual, en tan sólo un año de vida, ha recibido ya varios premios, así como menciones a sus intérpretes; Tres encarcelados bailarines se dan a una denuncia bailada desde el cuerpo que apresa, es presa y a su vez permite, ex/presa. Un cuerpo urbano, social, propio, que así como estrecha ensancha desde la danza que le corresponde, la de movimiento callejero, rápido, cortado, hip-hopero, pulido y técnico. Una buena dosis de baile de nuestro tiempo. LAILA TAFUR SANTAMARÍA, nacida en Granada y afincada en Barcelona, anda indagando entre fronteras, concretamente en su última creación, entre la que sutilmente acerca el western y el flamenco. En el hall del Metro de la Puerta de Jerez, ésta bailarina presentó su pieza Mi arma. Entra en escena y muere. Aparece ya un doble cuerpo posibilitado por el reflejo del frío suelo. Cuerpo que al finalizar en el meditativo girar sufí, alcanza el elevado lugar de ese arma que ya no apunta ni a la sangre ni a la arena, sino que tras haber toreado con rigurosa elegancia se alza. A media tarde en el Jardín de América, donde el sol calentaba lo justo y el variado color otoñal de las hojas decoraba con exquisitez, pudimos ver del estreno de la obra En la habitación, del colectivo sevillano LA CASQUERIA. Las dos integrantes, Anna París y Raquel López, ambas creadoras e intérpretes, ofrecieron al espectador la tensión que se genera en los lugares intermedios, en aquello que existe entre esto y lo otro, entre el tú y el yo. La belleza de la entrañable vulnerabilidad que caracteriza al humano y que exige, para ser apreciada, esa afilada atención en la cual se coloca el tímido y curioso voyeur. Envuelto todo ello en un aire retro, que hacía del encuentro de estas dos mujeres todo un despliegue del sensual lenguaje del gesto. El sol iba cayendo. Una larga cola esperaba para ver la pieza Del cerdo se aprovechan todos de ANNA JONSSON (artista multidisciplinar nacida en Suecia y afincada en Sevilla), en el Monasterio de la Cartuja. Muchos se quedaron fuera. Aquellos que entraron pudieron disfrutar del colorismo de esta performance-instalación que expresaba desde una mirada inteligente y humorística lo acefálico de ésta humanidad ida de madre, en la que a fin de cuentas, de una manera u otra, logramos manejarnos. Seis intérpretes mimetizados en una inmensa montaña de artificio humano reinada por un gran cerdo, comienzan a discurrir en torno a ciertos caracteres propios de nuestra sociedad que muestran el absurdo de nuestro entrañable ser. Para cerrar la sesión del día, en la Fundación Tres Culturas, se presentó la pieza Work is all the time in progress, de Younes & Zoheir Atbane, Aziz Nadif, provenientes de Marruecos. Una pieza fresca y juguetona. En la cual el hecho se muestra en el hacerse, por lo que la interacción entre el presente de la acción y lo pre-pensado de la ficción dialogan de forma constante, inscribiendo al espectador en la realidad del momento conjunto. Al salir ya era de noche.
Posted in Palabras en movimiento
1 Comment
