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El declive como clave

Un piano en una esquina que espera. Sólo él está iluminado. Manuela Nogales entra con una sonrisa cándida. Camina despacio hasta él, y abre con delicadeza su tapa. Suena El clave bien temprado de Bach. Parece que ha abierto una caja de música en forma de piano, ella parece sorprendida. La música suena y ella comienza a bailar en el centro de la austera sala, solo ella, música y cuerpo. La clave, está en el declive. Cae a veces, y finalmente la música calla. Ella sigue bailando a partir de esa música muda que emana de los cuerpos que vibran en movimiento. De su respiración. Señala su corazón, expresa con las manos y los dedos que parecen acariciar algo imperceptible. Se desploma, se arrastra por el suelo apartándose de la luz, adentrándose en la oscuridad. Y vuelve a cobrar protagonismo el piano, en el que ahora se sienta Tatiana Postnikova. Manuela parece querer regalarnos en su ausencia, parte del concierto a solas. Ahora sí suena Bach en directo. Vuelve a aparecer en escena la intérprete, que ha cambiado de vestuario. Juegos de manos y cuerpos interminables. Ella, que se sobrecoge en sí misma. Un solo en el que Manuela Nogales explora los orígenes: la música de Bach y el punto de partida de la danza, que es el movimiento, el cuerpo. Desprovisto de todo lo demás. Su danza parece buscar lo perceptivo, lo sensitivo, tapa sus ojos, sus oídos, sus labios, recorre con su dedo los brazos, como si indicara que aquello que expresa parte de sus entrañas, las cuales aprieta con los dedos. Cae y se levanta. Por tercera ocasión, Manuela vuelve a regalarnos el solo de Tatiana, marchándose, para aparecer de nuevo con un vestido que se atusa, con el que juega. Pulsaciones de un lenguaje propio que recorre su cuerpo, el declive como clave: para resurgir y reinventarse. Una bailarina madura, con trayectoria y solera, que ha reposado su saber hacer con los años y ha creado su propio idioma en el mundo de la danza. De claves y declives es una pieza que representa el momento que la intérprete está atravesando, una etapa de nueva creación, el resurgir a pesar de la dificultad. El seguir expresando a pesar de todo, romper estigmas de edades, retomar la danza en su punto de partida: cuerpo, alma, intérprete. Todo ello envuelto por la maravillosa interpretación en directo de Postnikova, cuyas notas hacía reaccionar a Manuela hasta el final, hasta el último fogonazo en el que yace en el suelo. El declive, de nuevo, la clave para volver a levantarse. Texto: Piedad Bejarano Vídeo: La Buena Estrella para el canal de TV online del MES DE DANZA

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Manuela Nogales: “Quiero romper el mito del bailarín maduro”

Una de las creadoras de mayor trayectoria en Andalucía, con mucho trabajo a las espaldas y que ha ido al unísono cumpliendo años con el Mes de Danza en los escenarios, estrena en el festival su último trabajo, De claves y declives. Una pieza en la que Manuela Nogales, sola y despojada de todo adorno, nos invitará a tocar con los dedos los orígenes de la danza, que acaso tal vez andan un poco perdidos: el cuerpo, el movimiento y la percepción. Con música de Bach en directo y en un trabajo intimista donde la intérprete ahondará en las oportunidades del declive como clave para resurgir cual ave fénix, Manuela Nogales aterriza en el Teatro Central durante los días 12 y 13 de Noviembre. Texto: Piedad Bejarano Foto: Luis Castilla De claves y declives, un título muy sugerente con el que te presentas este año en Mes de Danza… ¿Qué son para ti las claves y los declives? Es un poco un juego de palabras. La obra musical sobre la que estamos trabajando es El clave bien temperado de Bach. Entonces, la clave son claves, de trabajo, de esfuerzo. Me gustaba eso de clave y declive porque me apetecía trabajar con esa contrariedad de lo que supone el declive, la edad. Se supone que a determinadas edades ya no tienes que bailar, y entonces juego a contrastar que el declive hay que valorarlo y reforzarlo. Yo estoy en ello, de hecho diría que estamos en una época de auténtico declive, donde hay que regenerarse, sacar fuerza de donde sea de los momentos malos. Entonces, ¿el declive es el punto de inflexión del que partir para encontrarse a uno mismo? Sí, por supuesto. Todo momento crítico es un gran aprendizaje, son momentos para repensar cosas, darle valor a otras, y resurgir como el ave fénix. Son grandes oportunidades. También quiero romper el mito del bailarín maduro, precisamente hay que bailar a partir de los cuarenta. Un intérprete con tanto bagaje y experiencia no puede tener comparanza con uno de veinte años. Uno de mis discursos es que la danza no es una cosa física, sino metafísica, una valoración de lo que es la persona, el movimiento, por tanto la madurez creo que es muy importante, y por ello quiero romper el estigma del bailarín que a cierta edad tiene que retirarse, porque el cuerpo aporta otras cualidades, la interpretación, la forma de expresarse… De hecho, esto que me cuentas, conecta con la referencia que hiciste sobre la pieza que decía: “con 50 años tomo los movimientos como primeros y últimos a la vez lo que constituye, a mi ver, ese temblor indefinible que es la danza”. Exacto. La danza es compleja en el sentido de que no es narrativamente explicable. Conecta con otros sentidos, es más sensitiva, como la música, no sabes porque te conmueve, pero te llegan. El movimiento par a mí es lo mismo, llega de una manera menos intelectual, más perceptiva. Para mí, cualquier movimiento puede ser el primero pero también el último, pues estoy en esa franja. Con la madurez, es otro lenguaje, una evolución. Precisamente quería preguntarte dada tu amplia trayectoria, ¿cómo crees que ha ido evolucionando tu lenguaje en todos estos años? La evolución propia es muy difícil de explicar, porque no estás dentro y fuera. Vas trabajando en el tiempo con tus necesidades del momento. Las inquietudes que tienes con 30 años no son las mismas que las que tienes con 40, todo es un trabajo evolutivo que va cambiando. Lo que sí creo que he hecho un trabajo personal, defiendo un poco que cualquier creador debe tener su lenguaje propio, para considerarse creador. De alguna manera, debe investigar, definir, trabajar en unas claves. Es como cuando reconoces un Dalí. Es tu trayectoria, tu lenguaje, y eso requiere tiempo, pero dejas tu impronta, y eso solo puede darse con el bagaje. El trabajo de autor requiere tiempo, madurarse, ver a dónde va. Por lo que comentas, vamos a ver en esta pieza que traes a Mes de Danza, un fiel reflejo de la situación que vives, ¿no? Yo creo que sí, porque en este caso soy yo sola con mi propio lenguaje. Soy la intérprete, la coreógrafa… y por ello supongo que lo que se ve es muy mío, de mi estado en este momento y la evolución de mi lenguaje. Antes comentabas que la música sobre la que se trabajaba era El clave bien temperado de Bach en manos de la pianista Tatiana Postnikova. ¿Te ha servido de inspiración? ¿Cómo es trabajar con música en directo y con Tatiana? Por supuesto que te sirve de inspiración. A mí Bach me encanta de siempre, ya lo he usado en alguna ocasión. Ahora me pareció un buen momento por como yo estoy viviendo la danza. En el contexto que vivimos, tan peligroso, donde las artes están en profundo peligro, me gustaba volver al origen. Nos estamos perdiendo la danza, se está difuminando, estamos perdiendo calidad, apenas se apoya y sólo se programa en un 4%… El momento es dificilísimo y muy duro, pero también creo que creativamente también nos estamos perdiendo, lógicamente también. Entonces me apeteció volver a los orígenes: el origen de la música, Bach, para mí. El origen de la danza: el movimiento. El movimiento desligado de todo lo demás, el cuerpo y el movimiento exclusivamente, puro y duro. No me gusta adornar, soy austera y me han tachado mucho de purista. Pero creo que es importante que no se nos olvide que aparte de que se puede hacer de todo y siempre es bueno el mestizaje, la danza tiene el origen en la propia fisicalidad del cuerpo, y cuando hablo de cuerpo, es la entidad orgánica de cuerpo, mente, persona y espírito. Quería ser simple: música, y movimiento de un intérprete. Y por supuesto, trabajar en música en directo con una buena intérprete es un placer. La música te llega directamente, no hay comparación. ¿Cómo ha sido el proceso creativo? Conociendo tu trabajo, habrá partido mucho de la investigación. Sí. A veces yo con la música, otras la aparcaba. En la pieza hay momentos de silencio, que rompen con el mito de que no pueda bailarse sin música, uno de las grandes ruptura del siglo XIX. El cuerpo tiene música, una música callada. Juego con la música tocada y la callada. Has pasado por Mes de Danza en numerosas ocasiones, algo que te avala como creadora referente, y también te da una visión amplia del festival. ¿Qué opinión te merece la trayectoria de estos 20 años? Para mí es muy importante, primero como entidad, que me parece un logro que un festival llegue a cumplir 20 años en este país y lo difícil que es, me parece un gran logro. Es la única entidad en Andalucía que ha conseguido traspasar en el tiempo. La única manera de hacer cultura es que las cosas perduren en el tiempo, las cosas se hacen en el tiempo, se queda, se consolida y se impregna. A nivel personal me ha dado mucho reconocimiento, me ha ido apoyando durante toda mi trayectoria, y agradezco mucho al Mes de Danza que nunca se ha dudado de mí, y han estado ahí conmigo, apoyándome. Y como referente con tu compañía, y creadora, ¿cómo ves el panorama de la danza en Andalucía? Creo que casi todos los creadores soléis coincidir en que hay mucho talento, pero pocos medios… Lo sigo viendo como hace 20 años, asombrosamente y con mucha pena. Vamos involucionando. Creo que hay gente muy creativa, con mucho talento, no funciona la parte alta. En Andalucía no tenemos una casa de la danza, un centro coreográfico, y ha habido tiempo, y ha habido muchas personas que hemos estado luchando durante mucho tiempo porque se creen esas infraestructuras. La danza requiere unos medios específicos que solo pueden venir de la administración. No se ha creado nada de eso, las ayudas están mal contadas, vienen con presupuestos bajos… Nunca ha habido esa intención ni presupuestaria ni por entender la danza, hay recursos, hay teatros, ¿por qué no se ceden a las compañías?. No solo es dar dinero, también hay otras vías. La situación de los artistas en España en general, es terrible. De la danza ya… ni te cuento.

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